Escribir al autor: Pedro N. Rueda G.
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VIDA-> ¿Dijo Jesús que no hay que juzgar a nadie?

Sinopsis: Los modernos fariseos no solamente quieren hacer lo que les da la gana escudándose en su conciencia, sino que además esgrimen como arma, ante cualquier reclamo, el mandato de Jesús de no juzgar a los demás, como si el texto bíblico significara "no importa lo que yo haga, no puedes decir nada sobre mí". Pero la Biblia dice algo distinto.

Ultima Revisión: 19 de junio de 2011

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Dijo Jesús:

"No juzguen a los demás y no serán juzgados ustedes" (Mt 7, 1)

Esta cita se escucha hoy por todas partes, y con ella los modernos fariseos (tanto anticristianos como presuntos cristianos que en realidad no lo son) dan por terminado cualquier reclamo. La perícopa completa de esas palabras de Jesús es esta:

"No juzguen a los demás y no serán juzgados ustedes.  Porque de la misma manera que ustedes juzguen, así serán juzgados, y la misma medida que ustedes usen para los demás, será usada para ustedes. ¿Qué pasa? Ves la pelusa en el ojo de tu hermano, ¿y no te das cuenta del tronco que hay en el tuyo? ¿Y dices a tu hermano: Déjame sacarte esa pelusa del ojo, teniendo tú un tronco en el tuyo? Hipócrita, saca primero el tronco que tienes en tu ojo y así verás mejor para sacar la pelusa del ojo de tu hermano." (Mt 7, 1-5)

Leyendo el texto con cuidado y sin los prejuicios a que nos tienen acostumbrados los enemigos del cristianismo, es fácil ver que todo radica en que debemos juzgar tal como esperemos que nos juzguen a nosotros, lo cual no significa no juzgar sino hacerlo con toda la conciencia de lo que ello significa, puesto que hay casos en los cuales es nuestro deber hacerlo.San Pablo precisamente advierte:

"Busquen lo que agrada al Señor. No tomen parte en las obras de las tinieblas, donde no hay nada que cosechar; al contrario, denúncienlas" (Efesios 5, 10-11)

¿Eso no es mandato de juzgamiento? ¿No se nos está pidiendo discernir lo malo y denunciarlo, lo que supone un juicio? En la misma tónica, Dios advierte a Ezequiel::

"Si le digo al malvado: ¡Vas a morir! y si tú no se lo adviertes, si no hablas de tal manera que ese malvado deje su mala conducta y así salve su vida, ese malvado morirá debido a su falta, pero a ti te pediré cuenta de su sangre.  En cambio, si se lo adviertes al malvado y él no quiera renunciar a su maldad y a su mala conducta, morirá debido a su falta, pero tú habrás salvado tu vida." (Ez 3, 18-19)

Y qué decir del propio Jesús, quien no duda en llamar hipócritas a los fariseos (Mt 22, 15-22) e incluso les dedica todo un discurso donde los juzga con dureza (Mt 23, 13-39). Nuestro Señor mismo celebra el buen juzgamiento que hacen las personas de otros, tal como ocurre en el versículo 43 del capítulo 7 de Lucas, cuando le dice al fariseo Simón “Has juzgado bien” (emplea el mismo término en griego de Mt 7, 1). Pero hay más: Jesús mismo ordena estar atento al comportamiento del hermano para decirle aquello en que está equivocado:

"Si tu hermano ha pecado, vete a hablar con él a solas para reprochárselo. Si te escucha, has ganado a tu hermano." (Mt 18, 15)

¿Acaso hay contradicción entre Mt 7, 1-5, con paralelo en Lc 6, 37, con las otras citas? No. La materia de Mt 7, 1-5 y Lc 6, 37 es diferente a la de las otras, aunque lo cierto es que son complementarias. Los versos 1 a 11 de Mateo, el marco del mandato de no juzgar, son indicaciones para el comportamiento en comunidad como hijos de Dios, y no tienen que ver con dejar de denunciar el mal de los otros, cosa que no duda Jesús en hacer, sino con el hecho de NO JUZGAR apresurada e injustamente, al estilo de los fariseos, pues en el comportamiento de los cristianos debe existir comprensión de los demás, la cual es uno de los frutos del Espíritu de que nos habla San Pablo en la Carta a los Gálatas:

"En cambio, el fruto del Espíritu es caridad, alegría, paz, comprensión de los demás, generosidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí mismo.." (Ga 5, 22-23)

Ese es el termómetro de la vida cristiana, ¿en tu vida hay "alegría, paz, comprensión de los demás, generosidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí mismo"? El propio Jesús es explícito a la hora de enseñarnos cómo corregir a otros:

"Si tu hermano ha pecado, vete a hablar con él a solas para reprochárselo. Si te escucha, has ganado a tu hermano" (Mt 18, 15)

¿Recuerda, amigo lector, eso de tratar a los demás como queremos que nos tratan? Ese es otro de los puntos.

¿Y si el hermano no escucha, aunque llames a otros hermanos como testigos de lo que hace mal, como dice Jesús en Mt 18, 16? La respuesta la da Jesús en la conclusión de la perícopa:

"Si se niega a escucharlos, informa a la asamblea. Si tampoco escucha a la iglesia, considéralo como un pagano o un publicano." (Mt 18, 17)

El mensaje es: no seas un criticón hipócrita, corrije en cambio con amor fraterno; si no te escuchan, esa persona puede ser considerada como un pagano. He utilizado intencionalmente el término "criticón" en su acepción de diccionario: "Que todo lo censura y moteja, sin perdonar ni aun las más ligeras faltas" (Diccionario de la Real Academia Española), porque el término del original griego para "juzgar" en Mateo 7, 1 es justamente el origen de nuestra palabra "crítica".

Entonces, eso de que no se le puede decir a nadie que se está portando mal, es una equivocación mayúscula. No hay que dejar de denunciar el mal de quienes promueven el aborto o el ejercicio de la homosexualidad, o el abandono de deberes familiares, por ejemplo. Sí, en cambio, hay que tener cuidado en hacerlo no como superior al hermano, sino como seguidor de Cristo que quiere lo mejor para el otro y que es conciente de sus limitaciones y trata de mejorarlas para la Gloria de Dios, como mostrando los frutos de una sincera conversión (Mt 3, 8).

Quienes se escudan en Mt 7, 1 para no aceptar críticas justas son verdaderos fariseos como los que reprochaba Jesús. Citan lo que les conviene, lo interpretan como les da la gana y no se molestan en buscar la voluntad de Dios. Usualmente ni siquiera les importa la Biblia, sino que simplemente la usan para que no los molesten. Relata el libro de la Sabiduría desde el verso 16 del capítulo 1 hasta el verso 24 del capítulo 2 que los impíos odian a los que les llaman la atención, e incluso buscan dañarlos por reprocharles su mal comportamiento. Allí cuenta la Biblia cómo piensan de los malvados:

"Seamos duros con esos pobres piadosos, y lo mismo con las viudas; ¡nada de respeto con los viejos de cabellos blancos! ¡Nuestra fuerza sea la ley! ¡La debilidad es prueba de que uno no sirve para nada! Hagamos la guerra al que nos reprende porque violamos la Ley; nos recuerda cómo fuimos educados y nos echa en cara nuestra conducta. Pretende conocer a Dios y se proclama hijo del Señor. No hace más que contradecir nuestras ideas, y su sola presencia nos cae pesada.  Lleva una vida distinta a la de todos y es rara su conducta. Nos considera unos degenerados, creería mancharse si actuara como nosotros. Habla de una felicidad para los justos al final y se vanagloría de tener a Dios por padre." (Sb 2, 10-16)

Ojalá esos escucharan la voz de Dios en lugar de torcerla, como pediría Miqueas de los gobernantes de Israel (Mi 3, 9-10).

El ejercicio correcto del juicio es necesario en nuestras comunidades, Pablo lamentaba que no hubiera expertos en el arte de juzgar para resolver los problemas internos, evitando que los hermanos vayan donde quienes no tienen las mismas convicciones:

" ¡Qué vergüenza! ¿Así que entre ustedes no hay ni un solo entendido que pueda hacer de árbitro entre hermanos? Pero, no; un hermano demanda a otro hermano y lleva la causa ante paganos." (1 Corintios 6, 5-6)

Terminemos con un apunte sobre la conciencia, otra de las excusas de los modernos fariseos o de los falsos cristianos, quienes se proclaman como tales aunque no actúen como deben. Sostienen que, como tienen la conciencia tranquila, nada les preocupa de su conducta. Pero resulta que eso no tiene respaldo bíblico alguno, por el contrario, la Biblia recuerda lo siguiente:

"A pesar de que no veo nada que reprocharme, eso no basta para justificarme: el Señor me juzgará." (1 Corintios 4, 4)

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