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VIDA-> ¿Dijo Jesús que no hay que juzgar a nadie?
Ultima Revisión: Octubre 13 de 2007 Bajar el documento en formato MS WORD Dijo Jesús:
Esta cita se escucha hoy por todas partes, y con ella los modernos fariseos dan por terminado cualquier reclamo de los cristianos. La perícopa completa de esas palabras de Jesús es esta:
Leyendo el texto con cuidado y sin los prejuicios a que nos tienen acostumbrados los enemigos del cristianismo, es fácil ver que todo radica en que debemos juzgar tal como esperemos que nos juzguen a nosotros, lo cual no significa no juzgar sino hacerlo con toda la conciencia de lo que ello significa, puesto que hay casos en los cuales es nuestro deber hacerlo.San Pablo precisamente advierte:
¿Eso no es mandato de juzgamiento? ¿No se nos está pidiendo discernir lo malo y denunciarlo, lo que supone un juicio? En la misma tónica, Dios advierte a Ezequiel::
Y qué decir del propio Jesús, quien no duda en llamar hipócritas a los fariseos (Mt 22, 15-22) e incluso les dedica todo un discurso donde los juzga con dureza (Mt 23, 13-39). Nuestro Señor mismo celebra el buen juzgamiento que hacen las personas de otros, tal como ocurre en el versículo 43 del capítulo 7 de Lucas, cuando le dice al fariseo Simón “Has juzgado bien” (emplea el mismo término en griego de Mt 7, 1). ¿Acaso hay contradicción entre Mt 7, 1-5, con paralelo en Lc 6, 37, con las otras citas? No. La materia de Mt 7, 1-5 y Lc 6, 37 es diferente a la de las otras, aunque lo cierto es que son complementarias. Los versos 1 a 11 de Mateo, el marco del mandato de no juzgar, son indicaciones para el comportamiento en comunidad como hijos de Dios, y no tienen que ver con dejar de denunciar el mal de los otros, cosa que no duda Jesús en hacer, sino con el hecho de NO JUZGAR apresurada e injustamente, al estilo de los fariseos, pues en el comportamiento de los cristianos debe existir comprensión de los demás, la cual es uno de los frutos del Espíritu de que nos habla San Pablo en la Carta a los Gálatas:
Ese es el termómetro de la vida cristiana, ¿en tu vida hay "alegría, paz, comprensión de los demás, generosidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí mismo"? El propio Jesús es explícito a la hora de enseñarnos cómo corregir a otros:
¿Recuerda, amigo lector, eso de tratar a los demás como queremos que nos tratan? Ese es otro de los puntos. ¿Y si el hermano no escucha, aunque llames a otros hermanos como testigos de lo que hace mal, como dice Jesús en Mt 18, 16? La respuesta la da Jesús en la conclusión de la perícopa:
El mensaje es: no seas un criticón hipócrita, corrije en cambio con amor fraterno; si no te escuchan, esa persona puede ser considerada como un pagano. He utilizado intencionalmente el término "criticón" en su acepción de diccionario: "Que todo lo censura y moteja, sin perdonar ni aun las más ligeras faltas" (Diccionario de la Real Academia Española), porque el término del original griego para "juzgar" en Mateo 7, 1 es justamente el origen de nuestra pañabra "crítica". Entonces, eso de que no se le puede decir a nadie que se está portando mal, es una equivocación mayúscula. No hay que dejar de denunciar el mal de quienes promueven el aborto o el ejercicio de la homosexualidad, por ejemplo. Sí, en cambio, hay que tener cuidado en hacerlo no como superior al hermano, sino como seguidor de Cristo que quiere lo mejor para el otro y que es conciente de sus limitaciones y trata de mejorarlas para la Gloria de Dios, como mostrando los frutos de una sincera conversión (Mt 3, 8). Quienes se escudan en Mt 7, 1 para no aceptar críticas justas son verdaderos fariseos. Citan lo que les conviene, lo interpretan como les da la gana y no se molestan en buscar la voluntad de Dios. Usualmente ni siquiera les importa la Biblia, sino que simplemente la usan para que no los molesten. Relata el libro de la Sabiduría desde el verso 16 del capítulo 1 hasta el verso 24 del capítulo 2 que los impíos odian a los que les llaman la atención, e incluso buscan dañarlos por reprocharles su mal comportamiento. Allí cuenta la Biblia cómo piensan de los malvados:
Ojalá esos escucharán la voz de Dios en lugar de torcerla, como pediría Miqueas de los gobernantes de Israel (Mi 3, 9-10). |