Escribir al autor: Pedro N. Rueda G.
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SEXO-> ¿Por qué el sexo solamente es permitido en el matrimonio?

Sinopsis: El sexo hace parte del cumplimiento de la Alianza de Dios con la humanidad. Desde el principio, Dios señala que el papel de las parejas de hombre y mujer es hacerse una familia para hacerse una sola carne, o sea, para tener hijos

Rev. 13 de Abril de 2008

La Biblia prohibe expresamente las relaciones fuera del matrimonio:

La cohabitación sexual convierte a hombre y mujer en una sola carne, tal como sucede con la prostitución, como recuerda San Pablo:

“ Pues ustedes saben muy bien que el que se une a una prostituta se hace un solo cuerpo con ella. La Escritura dice: Los dos serán una sola carne.” (1 Co 6, 16)

Esto explica por qué el sexo solamente es legítimo dentro del matrimonio heterosexual, puesto que siendo el cuerpo sagrado, y el coito una forma de unión real, tiene que producirse bajo una forma bendecida, como enseñó Jesús, cuando adicionalmente nos puso de presente que el matrimonio tiene que ser heterosexual:

“Jesús respondió: “¿No han leído que el Creador al principio los hizo hombre y mujer y dijo: El hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá con su mujer, y serán los dos una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre.”” (Mt 19, 4-6)

La Biblia nos pide rehuir toda clase de relaciones sexuales prohibidas, puesto lo que se haga en materia de sexualidad queda dentro de nosotros.

"Huyan de las relaciones sexuales prohibidas. Cualquier otro pecado que alguien cometa queda fuera de su cuerpo, pero el que tiene esas relaciones sexuales peca contra su propio cuerpo." (1 Co 6, 18)

La expresión "relaciones sexuales prohibidas" corresponde a un término en griego que puede traducirse por "fornicación", tal como traduce la Biblia Reina Valera de 1995 ("Huid de la fornicación...", 1 Co 6, 18).

Igual prohibición consta en el libro más antiguo del Nuevo Testamento, la primera carta a los tesalonicenses:

"Conocen las tradiciones que les entregamos con la autoridad del Señor Jesús:  la voluntad de Dios es que se hagan santos y que rehúyan la libertad sexual." (1 Te 4, 2-3)

Otra vez, la Reina Valera 95 ayuda a dar claridad sobre el sentido concreto del texto, por si hubiera duda ("...que os apartéis de fornicación", 1 Te 4, 2-3)

Dice el Catecismo de la Iglesia Católica que

"No pocos postulan hoy una especie de "unión a prueba" cuando existe intención de casarse. Cualquiera que sea la firmeza del propósito de los que se comprometen en relaciones sexuales prematuras, éstas "no garantizan que la sinceridad y la fidelidad de la relación interpersonal entre un hombre y una mujer queden aseguradas, y sobre todo protegidas, contra los vaivenes y las veleidades de las pasiones". La unión carnal sólo es moralmente legítima cuando se ha instaurado una comunidad de vida definitiva entre el hombre y la mujer. El amor humano no tolera la "prueba". Exige un don total y definitivo de las personas entre sí." (Catecismo, Número 2391)

La Biblia comienza y termina hablando del matrimonio. Al principio nos menciona la finalidad de la pareja jumana (hombre y mujer, Gn 2, 18-25), y culmina hablando de la boda de Cristo con la Iglesia (libro del Apocalipsis). Dice el Catecismo en otra parte:

"1602 La Sagrada Escritura se abre con el relato de la creación del hombre y de la mujer a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,26- 27) y se cierra con la visión de las "bodas del Cordero" (Ap 19,7.9). De un extremo a otro la Escritura habla del matrimonio y de su "misterio", de su institución y del sentido que Dios le dio, de su origen y de su fin, de sus realizaciones diversas a lo largo de la historia de la salvación, de sus dificultades nacidas del pecado y de su renovación "en el Señor" (1 Co 7,39) todo ello en la perspectiva de la Nueva Alianza de Cristo y de la Iglesia (cf Ef 5,31-32)." (ver sección completa)

Desde la Creación Dios creó a la pareja humana con fines de procreación y compañía:

"Y creó Dios al hombre a su imagen. A imagen de Dios lo creó. Macho y hembra los creó.  Dios los bendijo, diciéndoles: “Sean fecundos y multiplíquense..." (Gn 1, 27-28a)

Malaquías declara expresamente que el hombre y mujer serán una sola carne para convertirse en una familia, la cual es regalo de Dios:

"¿No ha hecho Dios, de ambos, un solo ser que tiene carne y respira? Y este ser único, ¿qué busca sino una familia dada por Dios? No traiciones, pues, a la mujer de tu juventud." (Ml 2, 15)

En el verso anterior (Ml 2, 14), dice de la esposa "Ella ha sido tu compañera y con esta mujer te habías comprometido", pero en el original hebreo se lee "la mujer de tu alianza" (berit); en Malaquías, en todos los demás casos el término berit ("alianza") se usa para referirse a la alianza de Dios con los hombres (Ml 2,4; 2, 5; 2, 8; 2, 10; 3, 1). El matrimonio es el plan de Dios desde siempre, como el mismo Jesús advirtió, por ello no es para todos (Mt 19, 2-12); es parte de la Alianza de Dios con los hombres (Is 54, 5-7; Ez 16, 6-14 y otros textos). En Proverbios 2, 17, el autor sagrado señala expresamente que la infidelidad matrimonial es olvido de la Alianza con Dios.

Eso significa que el matrimonio es sagrado, y parte de la bendición es la capacidad de procreación. Reflexionemos con San Pablo:

"La Escritura dice: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre para unirse con su esposa y los dos formarán un solo ser.  Es éste un misterio muy grande, pues lo refiero a Cristo y a la Iglesia.  En cuanto a ustedes, cada uno ame a su esposa como a sí mismo, y la mujer, a su vez, respete a su marido. " (Ef 5, 31-33)

Cuando Pablo dice que es un "misterio", en el original griego está utilizando una palabra griega (mysterion) que solamente se emplea en el Nuevo Testamento, con excepción del Apocalipsis donde tiene un uso más cotidiano, para hablar de las cosas propias de Dios, como las intimidades del Reino (Mt 13, 11), la fe (1 Tm 3, 9), la religión (1 Tm 3, 19), entre otros. Pablo, adicionalmente, en la cita de Efesios está equiparando el matrimonio a la unión de Cristo con la Iglesia, de la cual al principio del mismo libro indica:

"Dios colocó todo bajo sus pies, y lo constituyó Cabeza de la Iglesia. Ella es su cuerpo, la expansión última del que lo llena todo en todos.". (Ef 1, 22)

Esta equiparación no es forzada, porque estamos en presencia de una unión que nadie puede romper.

Ya tenemos el sentido de las relaciones sexuales, que son santas. Con ellas hombre y mujer, en el matrimonio, se hacen una sola carne, para ser familia, estar unidos y procrear. Ninguno de estos elementos va por separado. Con razón dice el Catecismo que la sexualidad humana está "naturalmente ordenada al bien de los esposos, así como a la generación y educación de los hijos" (No. 2353), y por eso Pablo es tan duro con quienes se acuestan con prostitutas o tienen relaciones sexuales prohibidas (1 Co 6, 12-20), relaciones que representan frecuentemente la infidelidad a Dios en el Antiguo Testamento, en cuya versión griega se usa el mismo término que San Pablo (según el griego de la Septuaginta: Ezequiel 23, 7 o 16, 15: Oseas, etc).

Las relaciones sexuales fuera del matrimonio son una infidelidad a Dios, por eso son tan graves. Rompen nuestra relación con El, por expreso rechazo al plan divino. Resumamos con las palabras del Catecismo, párrafo 1605:

"La Sagrada Escritura afirma que el hombre y la mujer fueron creados el uno para el otro: "No es bueno que el hombre esté solo". La mujer, "carne de su carne", es decir, su otra mitad, su igual, la creatura más semejante al hombre mismo, le es dada por Dios como un "auxilio", representando así a Dios que es nuestro "auxilio". "Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne" (Gn 2,24). Que esto significa una unión indefectible de sus dos vidas, el Señor mismo lo muestra recordando cuál fue "en el principio", el plan del Creador: "De manera que ya no son dos sino una sola carne" (Mt 19,6)"

 


Lecturas complementarias

Un libro obligado para entender el valor del sexo y la familia dentro del plan de Dios es: "Lo primero es el Amor", de Scott Hahn (Editorial Rialp)

 

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