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SEXO-> ¿Por qué el sexo solamente es permitido en el matrimonio? Sinopsis: El sexo hace parte del cumplimiento de la Alianza de Dios con la humanidad. Desde el principio, Dios señala que el papel de las parejas de hombre y mujer es hacerse una familia para hacerse una sola carne, o sea, para tener hijos Rev. 13 de Abril de 2008 La Biblia prohibe expresamente las relaciones fuera del matrimonio: La cohabitación sexual convierte a hombre y mujer en una sola carne, tal como sucede con la prostitución, como recuerda San Pablo:
Esto explica por qué el sexo solamente es legítimo dentro del matrimonio heterosexual, puesto que siendo el cuerpo sagrado, y el coito una forma de unión real, tiene que producirse bajo una forma bendecida, como enseñó Jesús, cuando adicionalmente nos puso de presente que el matrimonio tiene que ser heterosexual:
La Biblia nos pide rehuir toda clase de relaciones sexuales prohibidas, puesto lo que se haga en materia de sexualidad queda dentro de nosotros.
La expresión "relaciones sexuales prohibidas" corresponde a un término en griego que puede traducirse por "fornicación", tal como traduce la Biblia Reina Valera de 1995 ("Huid de la fornicación...", 1 Co 6, 18). Igual prohibición consta en el libro más antiguo del Nuevo Testamento, la primera carta a los tesalonicenses:
Otra vez, la Reina Valera 95 ayuda a dar claridad sobre el sentido concreto del texto, por si hubiera duda ("...que os apartéis de fornicación", 1 Te 4, 2-3) Dice el Catecismo de la Iglesia Católica que
La Biblia comienza y termina hablando del matrimonio. Al principio nos menciona la finalidad de la pareja jumana (hombre y mujer, Gn 2, 18-25), y culmina hablando de la boda de Cristo con la Iglesia (libro del Apocalipsis). Dice el Catecismo en otra parte:
Desde la Creación Dios creó a la pareja humana con fines de procreación y compañía:
Malaquías declara expresamente que el hombre y mujer serán una sola carne para convertirse en una familia, la cual es regalo de Dios:
En el verso anterior (Ml 2, 14), dice de la esposa "Ella ha sido tu compañera y con esta mujer te habías comprometido", pero en el original hebreo se lee "la mujer de tu alianza" (berit); en Malaquías, en todos los demás casos el término berit ("alianza") se usa para referirse a la alianza de Dios con los hombres (Ml 2,4; 2, 5; 2, 8; 2, 10; 3, 1). El matrimonio es el plan de Dios desde siempre, como el mismo Jesús advirtió, por ello no es para todos (Mt 19, 2-12); es parte de la Alianza de Dios con los hombres (Is 54, 5-7; Ez 16, 6-14 y otros textos). En Proverbios 2, 17, el autor sagrado señala expresamente que la infidelidad matrimonial es olvido de la Alianza con Dios. Eso significa que el matrimonio es sagrado, y parte de la bendición es la capacidad de procreación. Reflexionemos con San Pablo:
Cuando Pablo dice que es un "misterio", en el original griego está utilizando una palabra griega (mysterion) que solamente se emplea en el Nuevo Testamento, con excepción del Apocalipsis donde tiene un uso más cotidiano, para hablar de las cosas propias de Dios, como las intimidades del Reino (Mt 13, 11), la fe (1 Tm 3, 9), la religión (1 Tm 3, 19), entre otros. Pablo, adicionalmente, en la cita de Efesios está equiparando el matrimonio a la unión de Cristo con la Iglesia, de la cual al principio del mismo libro indica:
Esta equiparación no es forzada, porque estamos en presencia de una unión que nadie puede romper. Ya tenemos el sentido de las relaciones sexuales, que son santas. Con ellas hombre y mujer, en el matrimonio, se hacen una sola carne, para ser familia, estar unidos y procrear. Ninguno de estos elementos va por separado. Con razón dice el Catecismo que la sexualidad humana está "naturalmente ordenada al bien de los esposos, así como a la generación y educación de los hijos" (No. 2353), y por eso Pablo es tan duro con quienes se acuestan con prostitutas o tienen relaciones sexuales prohibidas (1 Co 6, 12-20), relaciones que representan frecuentemente la infidelidad a Dios en el Antiguo Testamento, en cuya versión griega se usa el mismo término que San Pablo (según el griego de la Septuaginta: Ezequiel 23, 7 o 16, 15: Oseas, etc). Las relaciones sexuales fuera del matrimonio son una infidelidad a Dios, por eso son tan graves. Rompen nuestra relación con El, por expreso rechazo al plan divino. Resumamos con las palabras del Catecismo, párrafo 1605:
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