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Escribir al autor: Pedro N. Rueda G.

IGLESIA-> Yo sigo con mi iglesia

Sinopsis: Estamos en una época difícil de la Iglesia, pero igual debemos seguir con ella, porque no seguimos hombres sino a Jesús mismo.

Rev.: Mayo 16 de 2009

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Jesús oró toda una noche antes de elegir a los doce apóstoles (Lc 6, 12-13). Sin embargo, primero el tesorero del grupo (Jn 12, 4-6), Judas, lo vendió a sus enemigos (Mc 14, 10), luego, los demás apóstoles lo abandonaron (Mt 26, 56), no sin que antes el vehemente pescador de Galilea llamado Pedro, seleccionado por Jesús como líder de la Iglesia (Mt 16, 18-19), rechazara en público y por tres veces (o sea, a fondo) cualquier vinculación con el Maestro (Mt 26, 69-75). Esto fue una traición en regla, aunque Pedro se arrepintió al poco tiempo. Cuando Jesús, luego de su muerte y antes de la Ascensión, volvió con los apóstoles, el pescador fue ratificado tres veces (o sea en forma categórica) como pastor del rebaño, tal como se lee al final del evangelio de San Juan (Jn 21, 15-17).

Como ven, la Iglesia nunca ha estado conformada por seres perfectos y los vaivenes de todo tipo no le son ajenos, por ello debe resultarnos clara la distinción entre la misión encomendada por Jesús, y los seres humanos que deben estar comprometidos con ella o, si se quiere, entre la Iglesia y aquellos que la conforman. Los planes de Dios son para siempre (Salmo 33, 11), y El una y otra vez se las arregla para que las cosas sigan adelante para beneficio de quienes lo siguen de corazón (echen una mirada a Romanos 8, 28), a pesar de los Judas y los que, con su comportamiento incluso dentro de la Iglesia, reniegan de Jesús. Todo ello es bueno recordárselo a quienes estos días, queriendo presentar el todo por la parte, atacan la Iglesia y al Papa a causa de algunos infames sacerdotes pederastas. Estos merecen, a más de los castigos del caso, el reclamo contra los pastores del capítulo 34 del libro de Ezequiel, y las palabras de Pablo: "Ustedes son causa de que los paganos insulten el nombre de Dios" (Rm 2, 24). Pero la Iglesia con todo y eso sigue, y seguirá.

Así las cosas, como la esperanza no está puesta en seres humanos precisamente, sino en Jesús y en la obra de Dios (Mt 12, 21), es que los laicos debemos acompañar a los religiosos y religiosas con firmeza y hasta el final (Hebreos 12, 1). Son tiempos difíciles donde está de moda intentar sacudir la barca de la Iglesia, tan incómoda por las verdades que tantos y tantas quieren silenciar (el asesinato de bebés en el vientre materno, etc.) pero ya otros y otras lo han intentado docenas de veces a lo largo de la historia, sin éxito, lo cual no debería sorprendernos ya que Jesús mismo dijo que el mal nunca triunfaría contra la Iglesia. Todos somos comunidad (ekklesia), y los ataques, cada vez mejor orquestados a nivel global, también nos conciernen, estamos en la misma barca y eso hay que asumirlo; ya Jesús advirtió que no iba a ser fácil (¿Recuerdan eso de "…¡qué angosta es la puerta y qué escabroso el camino que conduce a la salvación!...? en Mt 7, 13-14). Por eso estoy seguro de que muchos estarán diciendo conmigo: "Yo sigo con mi Iglesia, señores y señoras, digan lo que digan, y con mi Pontífice, sucesor de Pedro" (Rm 8, 35-39).


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