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MISA -> Nuestra actitud en la misa
Sinopsis:
En la misa estamos en presencia de Dios, no de hombres, por eso
debemos ser concientes del deber de respeto que se nos demanda pues
en realidad se trata del Cielo, por eso en el Santo, por ejemplo,
cantamos con los ángeles.
Ult.
Rev. 30 de Marzo de 2007
¿Te has puesto a pensar en tu actitud durante la misa? Estás con Jesucristo
y El te está viendo. ¿Estás aburrido? ¿Es que te aburre el cielo? "sirvamos
a Dios como él desea, con amor y de verdad, pues nuestro Dios es fuego
devorador" se lee en Hb 12, 28. ¿Estás entonces mostrando tu amor y
tu verdad? El papa, en su reciente exhortación apostólica
Sacramentum
caritatis habla de la "Actuosa participatio" (Auténtica
participación) así:
"52. El Concilio Vaticano II puso un énfasis particular en la
participación activa, plena y fructuosa de todo el Pueblo de Dios
en la celebración eucarística. Ciertamente, la renovación llevada
a cabo en estos años ha favorecido notables progresos en la dirección
deseada por los Padres conciliares. Pero no hemos de ocultar el hecho
de que, a veces, ha surgido alguna incomprensión precisamente sobre
el sentido de esta participación. Por tanto, conviene dejar claro
que con esta palabra no se quiere hacer referencia a una simple actividad
externa durante la celebración. En realidad, la participación activa
deseada por el Concilio se ha de comprender en términos más sustanciales,
partiendo de una mayor toma de conciencia del misterio que se celebra
y de su relación con la vida cotidiana. Sigue siendo totalmente válida
la recomendación de la Constitución conciliar Sacrosanctum
Concilium, que exhorta a los fieles a no asistir a la liturgia
eucarística « como espectadores mudos o extraños », sino a participar
« consciente, piadosa y activamente en la acción sagrada ». El Concilio
prosigue la reflexión: los fieles, « instruidos por la Palabra de
Dios, reparen sus fuerzas en el banquete del Cuerpo del Señor, den
gracias a Dios, aprendan a ofrecerse a sí mismos al ofrecer la hostia
inmaculada no sólo por manos del sacerdote, sino también juntamente
con él, y se perfeccionen día a día, por Cristo Mediador, en la unidad
con Dios y entre sí »" (Sacramentum
caritatis)
Fíjate lo que hace el autor del Apocalipsis cuando -años después de
la muerte de Nuestro Señor, lo encuentra en las visiones que describe
en ese libro: "Al verlo caí como muerto a sus pies..." (Ap 1, 17) Eso
significa reverencia mayúscula, pues Dios es "santo, santo, santo" (Ap
4, 8; Isaías 6, 2-3), o sea total y plenamente Santo (por eso
se aplica el adjetivo tres veces). ¿Pero tú, hermano, cuando te encuentras
con Dios en la misa qué haces? ¿Estás pendiente de tu celular¿ ¿Estás
pensando en el partido de fútbol que te estás perdiendo? Debes presentarte
ante Dios con la mayor reverencia posible, concientes de que la reverencia
que El se merece supera nuestras fuerzas y entendimiento. Fíjate lo
que ocurrió con los hijos de Aarón:
"Nadab y Abihú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, pusieron
fuego en ellos y, sobre este fuego, incienso que ofrecieron a Yavé.
Pero este fuego no correspondía a sus órdenes. Y en eso, un fuego
salió de la presencia de Yavé que los devoró, y murieron allí delante
de Yavé." (Lv 10, 1-2)
¿Qué debemos hacer nosotros? Aprender a ofrecernos, como
dice el Papa. Uno de los caminos a la reverencia correcta y la auténtica
participación es el corazón limpio (Mt 5, 8; Mt 6, 21).
Dijo Jesús:
"Pero llega la hora, y ya estamos en ella, en que los verdaderos
adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Entonces serán
verdaderos adoradores del Padre, tal como él mismo los quiere. Dios
es espíritu, y los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad."
(Jn 4, 23-24)
¿No ves que los ángeles en el cielo están permanentemente rindiendo
reverencia a Nuestro Señor (Ap 5, 11)? Pero los ángeles no están
solos, también les acompañan aquellos que ya partieron,
y nosotros los que estamos aquí en la tierra (Ap 5, 11-13). Este
es uno de los aspectos del termino "comunión de los santos"
de que trata el
Credo, y que recitamos cada domingo al final de la liturgia de la
Palabra. Ese término es explicado así en el Compendio
del Catecismo:
"194. ¿Qué significa la expresión «comunión de los santos»?
946-953
960
La expresión «comunión de los santos» indica, ante todo, la común
participación de todos los miembros de la Iglesia en las cosas santas
(sancta): la fe, los sacramentos, en particular en la Eucaristía,
los carismas y otros dones espirituales. En la raíz de la comunión
está la caridad que «no busca su propio interés» (1 Co 13, 5), sino
que impulsa a los fieles a «poner todo en común» (Hch 4, 32), incluso
los propios bienes materiales, para el servicio de los más pobres.
195. ¿Qué otra significación tiene la expresión «comunión de los
santos»?
954-959
961-962
La expresión «comunión de los santos» designa también la comunión
entre las personas santas (sancti), es decir, entre quienes por la
gracia están unidos a Cristo muerto y resucitado. Unos viven aún peregrinos
en este mundo; otros, ya difuntos, se purifican, ayudados también
por nuestras plegarias; otros, finalmente, gozan ya de la gloria de
Dios e interceden por nosotros. Todos juntos forman en Cristo una
sola familia, la Iglesia, para alabanza y gloria de la Trinidad. "
(CATECISMO
DE LA IGLESIA CATÓLICA Compendio; clic aquí para ver el
texto en extenso el Catecismo)
Desde luego, la auténtica participación implica también
estar atentos a lo que ocurre en el desarrollo de la Eucaristía. ¿Estás
atento a las lecturas, a la Palabra de Dios y a ponerla en práctica?
Quien asista a la Eucaristía diariamente durante tres años,
habrá escuchado todo el Nuevo Testamento y casi todo el Antiguo,
ninguna otra iglesia hace lo mismo. "Ojalá pudieran hoy oír su voz."
dice el mismo Salmo 95, y Jesús nos advierte: “¡Felices, pues, los que
escuchan la palabra de Dios y la observan!” (Lc 11, 28).
No es de extrañar que el actual Papa, Benedicto XVI, esté
insistiendo tanto en que los católicos aprendamos lo que es la
Eucaristía, a la cual llama "Sacramento de la caridad"
en su exhortación apostólica "SACRAMENTUM
CARITATIS", documento absolutamente imprescindible en el camino
para entender qué es la Eucaristía. Dice también
el Santo Padre, para llamar la atención sobre la construcción
de comunidad cristiana a partir de ese sacramento:
"14. Por el Sacramento eucarístico Jesús incorpora a los fieles
a su propia « hora »; de este modo nos muestra la unión que ha querido
establecer entre Él y nosotros, entre su persona y la Iglesia. En
efecto, Cristo mismo, en el sacrificio de la cruz, ha engendrado a
la Iglesia como su esposa y su cuerpo. Los Padres de la Iglesia han
meditado mucho sobre la relación entre el origen de Eva del costado
de Adán mientras dormía (cf. Gn 2,21-23) y de la nueva Eva, la Iglesia,
del costado abierto de Cristo, sumido en el sueño de la muerte: del
costado traspasado, dice Juan, salió sangre y agua (cf. Jn 19,34),
símbolo de los sacramentos. Contemplar « al que atravesaron » (Jn
19,37) nos lleva a considerar la unión causal entre el sacrificio
de Cristo, la Eucaristía y la Iglesia. En efecto, la Iglesia « vive
de la Eucaristía ». Ya que en ella se hace presente el sacrificio
redentor de Cristo, se tiene que reconocer ante todo que « hay un
influjo causal de la Eucaristía en los orígenes mismos de la Iglesia
». La Eucaristía es Cristo que se nos entrega, edificándonos continuamente
como su cuerpo. Por tanto, en la sugestiva correlación entre la Eucaristía
que edifica la Iglesia y la Iglesia que hace a su vez la Eucaristía,
la primera afirmación expresa la causa primaria: la Iglesia puede
celebrar y adorar el misterio de Cristo presente en la Eucaristía
precisamente porque el mismo Cristo se ha entregado antes a ella en
el sacrificio de la Cruz. La posibilidad que tiene la Iglesia de «
hacer » la Eucaristía tiene su raíz en la donación que Cristo le ha
hecho de sí mismo. Descubrimos también aquí un aspecto elocuente de
la fórmula de san Juan: « Él nos ha amado primero » (1Jn 4,19). Así,
también nosotros confesamos en cada celebración la primacía del don
de Cristo. En definitiva, el influjo causal de la Eucaristía en el
origen de la Iglesia revela la precedencia no sólo cronológica sino
también ontológica del habernos « amado primero ». Él es quien eternamente
nos ama primero. " (Sacramentum
Caritatis, "Eucaristía e Iglesia")
Terminemos este pequeño comentario con las palabras del anterior
papa en la Encíclica Ecclesia de Eucharistia ("La Iglesia vive
de la Eucaristía"), para tener presente uno de los más delicados
aspectos de la participación en la Misa: el hecho de comulgar.
"La integridad de los vínculos invisibles es un deber moral bien
preciso del cristiano que quiera participar plenamente en la Eucaristía
comulgando el cuerpo y la sangre de Cristo. El mismo Apóstol llama
la atención sobre este deber con la advertencia: « Examínese, pues,
cada cual, y coma así el pan y beba de la copa » (1 Co 11, 28). San
Juan Crisóstomo, con la fuerza de su elocuencia, exhortaba a los fieles:
« También yo alzo la voz, suplico, ruego y exhorto encarecidamente
a no sentarse a esta sagrada Mesa con una conciencia manchada y corrompida.
Hacer esto, en efecto, nunca jamás podrá llamarse comunión, por más
que toquemos mil veces el cuerpo del Señor, sino condena, tormento
y mayor castigo ».
Precisamente en este sentido, el Catecismo de la Iglesia Católica
establece: « Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe
recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar
». Deseo, por tanto, reiterar que está vigente, y lo estará siempre
en la Iglesia, la norma con la cual el Concilio de Trento ha concretado
la severa exhortación del apóstol Pablo, al afirmar que, para recibir
dignamente la Eucaristía, « debe preceder la confesión de los pecados,
cuando uno es consciente de pecado mortal ».
37. La Eucaristía y la Penitencia son dos sacramentos estrechamente
vinculados entre sí. La Eucaristía, al hacer presente el Sacrificio
redentor de la Cruz, perpetuándolo sacramentalmente, significa que
de ella se deriva una exigencia continua de conversión, de respuesta
personal a la exhortación que san Pablo dirigía a los cristianos de
Corinto: « En nombre de Cristo os suplicamos: ¡reconciliaos con Dios!
» (2 Co 5, 20). Así pues, si el cristiano tiene conciencia de un pecado
grave está obligado a seguir el itinerario penitencial, mediante el
sacramento de la Reconciliación para acercarse a la plena participación
en el Sacrificio eucarístico.
El juicio sobre el estado de gracia, obviamente, corresponde solamente
al interesado, tratándose de una valoración de conciencia. No obstante,
en los casos de un comportamiento externo grave, abierta y establemente
contrario a la norma moral, la Iglesia, en su cuidado pastoral por
el buen orden comunitario y por respeto al Sacramento, no puede mostrarse
indiferente. A esta situación de manifiesta indisposición moral se
refiere la norma del Código de Derecho Canónico que no permite la
admisión a la comunión eucarística a los que « obstinadamente persistan
en un manifiesto pecado grave ». " (Encíclica ECCLESIA
DE EUCHARISTIA)
Asistir a misa no puede ser entonces un acto mecánico. Sin duda,
ha faltado más instrucción de fondo al respecto por parte
de los pastores de la Iglesia Católica, pero igual nosotros tenemos
el deber de buscar las cosas de Dios, tal como recuerda Dios a través
del profeta Oseas: "Porque me gusta más el amor que los sacrificios,
y el conocimiento de Dios, más que víctimas consumidas por el fuego"
(Os 6, 6).
Lecturas complementarias:
"Posturas
y Gestos Corporales en La Misa" (documento de la Iglesia de Estados
Unidos)
Acerca
de la participación de los laicos en la misa
"Instrucción
Redemptionis Sacramentum sobre algunas cosas que se deben observar o
evitar acerca de la Santísima Eucaristía"
En inglés:
Preguntas
sobre "Liturgy and Sacred Music" en EWTN.COM

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