Escribir al autor: Pedro N. Rueda G.
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EL LIBRO DEL APOCALIPSIS
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Sinopsis: El Apocalipsis no es solamente un libro acerca de un futuro que no sabemos cuándo llegará, sino de un AHORA. Está hablando de la lucha permanente entre el bien y el mal y de la misa, que es el cielo en la tierra, tal como ha enseñado siempre la Iglesia.

Revisión 21 de Diciembre de 2007

El Apocalipsis es un libro difícil. Al principio de la historia de la Iglesia existió algún debate respecto a incluirlo en el canon (lista) de libros que integraban la Biblia, aunque tal inclusión tuvo el respaldo de autoridades como San Agustín.

Desde los principios del cristianismo se sabe cuál es la clave para leer el Apocalipsis: la misa. Yo, católico de toda la vida, vine a saberlo a través de la experiencia de conversión de un exministro protestante y de sus programas en el canal satelital EWTN titulados "La cena del cordero", canal por el cual han transmitido la serie originalmente en inglés). Cuenta ese exministro:

"Llevo estudiando el libro del Apocalipsis más de veinte años. Hasta 1985 lo estudié como ministro protestante y en todos esos años me encontré enfrascado, una tras otra, en la mayoría de las teorías interpretativas que estaban en boga o que ya estaban pasadas de moda. Probé con cada llave, pero ninguna pudo abrir la puerta. De vez en cuando oí un clic que me daba esperanzas. Pero sólo cuando empecé a contemplar la Misa, sentí que la puerta empezaba a ceder, poco a poco. Gradualmente me encontré atrapado por la gran tradición cristiana y en 1986 fui recibido en plena comunión con la Iglesia Católica. Después de eso, las cosas se fueron aclarando en mi estudio del libro del Apocalipsis. « Después tuve una visión: ¡una puerta abierta en el cielo!» (Apoc 4, 1). Y la puerta daba a... la Misa de domingo en tu parroquia." (HAHN, Scott. La cena del cordero: la misa, el cielo en la tierra, Rialp, Madrid, 2002, p. 23. Reproducido con autorización)

Dice el Catecismo cuando habla de los Sacramentos:

1136. "La Liturgia es 'acción' del 'Cristo total' [Christus totus]. Los que desde ahora la celebran, más allá de los signos, participan ya de la liturgia del cielo, donde la celebración es enteramente Comunión y Fiesta."

1137. "El Apocalipsis de san Juan, leído en la liturgia de la Iglesia, nos revela primeramente que 'un trono estaba erigido en el cielo y Uno sentado en el trono' [Ap 4,2 .]: 'el Señor Dios' [Is 6,1 .]. Luego revela al Cordero, 'inmolado y de pie' [Ap 5,6 .]: Cristo crucificado y resucitado, el único Sumo Sacerdote del santuario verdadero,- el mismo 'que ofrece y que es ofrecido, que da y que es dado'. Y por último, revela 'el río de Vida que brota del trono de Dios y del Cordero' [Ap 22,1 .], uno de los más bellos símbolos del Espíritu Santo." 1138. "'Recapitulados' en Cristo, participan en el servicio de la alabanza de Dios y en la realización de su designio: las Potencias celestiales, toda la creación [los cuatro Vivientes], los servidores de la Antigua y de la Nueva Alianza [los veinticuatro ancianos], el nuevo Pueblo de Dios [los ciento cuarenta y cuatro mil], en particular los mártires 'degollados a causa de la Palabra de Dios' [Ap 6,9-11 .], y la Santísima Madre de Dios [La mujer, la Esposa del Cordero], finalmente 'una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas' [Ap 7,9 .]."

También, al referirse a la construcción de la Iglesia, dice el Catecismo:

"Esta construcción recibe diversos nombres: casa de Dios en la que habita su familia, habitación de Dios en el Espíritu, tienda de Dios con los hombres (Ap 21,3), y sobre todo, templo santo. Representado en los templos de piedra, los Padres cantan sus alabanzas, y la liturgia, con razón, lo compara a la ciudad santa, a la nueva Jerusalén. En ella, en efecto, nosotros como piedras vivas entramos en su construcción en este mundo. San Juan ve en el mundo renovado bajar del cielo, de junto a Dios, esta ciudad santa arreglada como una esposa embellecida para su esposo (Ap 21,1-2)" (número 756)

Cuántas cosas dejamos de conocer los católicos por no profundizar en nuestra Fe. En mi caso, cuántas veces me devané los sesos tratando de entender el libro del Apocalipsis siendo que cada domingo yo lo vivía. Que el Apocalipsis es la liturgia celestial no es una tesis nueva ni nada por el estilo, por el contrario, ha sido claro desde el principio de la historia de la Iglesia, como descubrió un pastor presbiteriano en su camino a la conversión al catolicismo, descubrimiento que luego plasmó en un maravilloso libro antes mencionado que todo católico debería leer: "La cena del Cordero".

Cualquier exégeta serio reconoce que

"los himnos y doxologías del Apocalipsis... nos traen un eco de los cánticos litúrgicos de la iglesia primitiva (cf., por ejemplo, Ap 5.9-10; 11.17-18; 12.10-12; 15.3-4)." (Descubre La Biblia : De Ciencias Biblicas. 1997. Miami: Sociedades Bíblicas Unidas)

Imagínate, hermano, que cada vez que vas a misa ocurren cosas maravillosas. ¡Cuántos tesoros desperdiciados por nosotros! ¿No ves que cada vez que cantas el "Santo, Santo, Santo", estás haciendo coro con los Angeles y los santos? (lee Apocalipsis 4, 8, eco de Isaías 6, 2-3). Oh, Señor Jesucristo, tú que oficias para nosotros como Sumo y Eterno Sacerdote, ayúdanos a acompañarte con dignidad en la Sagrada Eucaristía! Por eso dice el Santo Padre en la maravillosa encíclica ECCLESIA DE EUCHARISTIA:

"La tensión escatológica suscitada por la Eucaristía expresa y consolida la comunión con la Iglesia celestial. No es casualidad que en las anáforas orientales y en las plegarias eucarísticas latinas se recuerde siempre con veneración a la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor, a los ángeles, a los santos apóstoles, a los gloriosos mártires y a todos los santos. Es un aspecto de la Eucaristía que merece ser resaltado: mientras nosotros celebramos el sacrificio del Cordero, nos unimos a la liturgia celestial, asociándonos con la multitud inmensa que grita: «La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero» (Ap 7, 10). La Eucaristía es verdaderamente un resquicio del cielo que se abre sobre la tierra. Es un rayo de gloria de la Jerusalén celestial, que penetra en las nubes de nuestra historia y proyecta luz sobre nuestro camino." (N. 19)

Con esa luz, vivamos el Apocalipsis, pues cuando el Señor dijo: "Vengo pronto" eso se cumple AHORA y CADA DIA.

Que tenemos una liturgia celestial y una terrenal, también está reconocido por el Concilio Vaticano II:

"8. En la Liturgia terrena preguntamos y tomamos parte en aquella Liturgia celestial, que se celebra en la santa ciudad de Jerusalén, hacia la cual nos dirigimos como peregrinos, y donde Cristo está sentado a la diestra de Dios como ministro del santuario y del tabernáculo verdadero, cantamos al Señor el himno de gloria con todo el ejército celestial; venerando la memoria de los santos esperamos tener parte con ellos y gozar de su compañía; aguardamos al Salvador, Nuestro Señor Jesucristo, hasta que se manifieste El, nuestra vida, y nosotros nos manifestamos también gloriosos con El." (Constitución SACROSANCTUM CONCILIUM

Para un listado de citas del Apocalipsis relacionadas con aspectos específicos de la Eucaristía ver "EL APOCALIPSIS Y LA SANTA MISA" en el site CORAZONES.ORG.

El dr. Scott Hahn señala que el Apocalipsis advierte que "vengo pronto" es ahora, visto que la palabra parusía, que puede interpretarse en el sentido de "segunda venida", también es "presencia", conforme su sentido en griego, y la misa es la presencia de Jesús. Es decir, la misa es un rito de parusía. Así, el hoy Papa Benedicto XVI, advirtió que la misa es la parusía anticipada. Eso no anula la Segunda Venida, sino que nos coloca ante otro momento con el Señor, estando nosotros todavía en esta vida; luego la dejaremos, para ir a la Jerusalén celeste, pero ya en forma definitiva.

Además, en el Apocalipsis Jesús es mencionado muchas veces (29) como "Cordero", como decimos en la misa ("Cordero de Dios que quitas...", etc.). El término en griego solamente aparece una vez más al final del Evangelio de Juan, cuando Jesús ordena a Pedro que apaciente sus corderos (en Juan 21, 15); cuando Juan el Bautista en Juan 1, 29 llama a Jesús "Cordero de Dios", el término en griego es distinto ("amnos"; en Jn 21, 15 y el Apocalipsis el término es "arnion").

Ahora bien, Jesús se presenta al principio del apocalipsis, un día domingo, con traje de sacerdote, y de inmediato, a través de las cartas a la iglesias, pide arrepentimiento, tal como ocurre en la misa (Ap 1, 10 y siguientes). A partir de Ap1, 9 un ángel invita al banquete del Cordero:

"Después el ángel me dijo: “Escribe: Felices los que han sido invitados al banquete de bodas del Cordero.” Y añadió: “Estas son palabras verdaderas de Dios.”"

Luego vienen las cartas a las siete iglesias, y las revelaciones.

Un hecho interesante es que, a diferencia de lo que ocurre en el Antiguo Testamento con los ángeles, en el Apocalipsis los ángeles se unen con los humanos en la liturgia. Por eso el sacerdote, antes del canto del Santo, anuncia que se va a cantar con los ángeles y los santos. Dice la carta a los Hebreos:

"Ustedes, en cambio, se han acercado al cerro de Sión, a la ciudad del Dios vivo, a la Jerusalén celestial con sus innumerables ángeles,  a la asamblea en fiesta de los primeros ciudadanos del cielo; a Dios, juez universal, al que rodean los espíritus de los justos que ya alcanzaron su perfección; a Jesús, el mediador de la nueva alianza, llevando la sangre que purifica y que clama a Dios con más fuerza que la sangre de Abel. " (Hebreos 12, 22-24)

Pero atención. El hecho de que el Cielo esté al alcance de la mano en cada Eucaristía, no nos debe hacer creer el mal se ha ido, pues por el contrario seguimos confrontados a una lucha permanente, como claramente describe San Pablo:

“Por lo demás, fortalézcanse en el Señor con su energía y su fuerza. Lleven con ustedes todas las armas de Dios para que puedan resistir las maniobras del diablo. Pues no nos estamos enfrentando a fuerzas humanas, sino a los poderes y autoridades que dirigen este mundo y sus fuerzas oscuras, los espíritus y fuerzas malas del mundo de arriba.” (Ef 6, 10-12)

Por algo el Santo Sacrificio de la Eucaristía se debe celebrar, como expresamente se señala en cada celebración, HASTA QUE EL SEÑOR VUELVA, lo que no es sino un eco de la Biblia:

“Fíjense bien: cada vez que comen de este pan y beben de esta copa están proclamando la muerte del Señor hasta que venga.” (1 Co 11, 26)

¿No estamos acaso en lucha permanente incluso dentro de la Misa? ¿No estamos batallando con nuestros pensamientos y con todas las distracciones del entorno para concentrarnos? Aún más, estamos en lucha todos los días por la salvación de nuestras almas (ver el artículo "VIDA" en este site).

La lucha es también de las fuerzas del mal contra la Iglesia, lo que no es ignorado por el Apocalipsis, en donde naturalmente también hay profecía (leer el artículo de la Enciclopedia Católica sobre "Profecía"). Exactamente como ocurre hoy en día, el Apocalipsis señala que hay enemigos por todas partes. Es cierto que muchos símbolos del Apocalipsis se originaron en situaciones históricas ya superadas –como el fin del imperio romano-, pero –como ocurre en toda la Biblia- el sentido del mensaje se mantiene más allá de la situación histórica subyacente, por eso desde el Apocalipsis sabemos que los enemigos del cristianismo son muchos y feroces:

“Y cuando se terminen los mil años, Satanás será soltado de su prisión, saldrá a engañar a Gog y Magog, es decir, a las naciones de los cuatro extremos de la tierra, una multitud tan numerosa como las arenas del mar. Invadieron el país entero y cercaron el campamento de los santos, la Ciudad muy amada, pero bajó fuego del cielo y los devoró.” (Ap 20, 7-9)

Pero por eso tenemos la promesa de Jesús cuando instituyó el Papado:

“Y ahora yo te digo: Tú eres Pedro (o sea Piedra), y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; los poderes de la muerte (del Hades) jamás la podrán vencer.” (Mt 16, 18)

No importa lo que pase. Al final la Iglesia vencerá, lo mismo que nosotros venceremos si somos fieles a Jesucristo. Dios quiera que al final de nuestra vida podamos decir:

“He combatido el buen combate, he terminado mi carrera, he guardado lo que depositaron en mis manos. Sólo me queda recibir la corona ‘de toda vida santa’ (de la justicia) con la que me premiará aquel día el Señor, juez justo; y conmigo la recibirán todos los que anhelaron su venida gloriosa.” (2 Tm 4, 7-8)

El Apocalipsis termina con una boda.

"Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido y el mar no existe ya. Y vi a la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios, engalanada como una novia que se adorna para recibir a su esposo. " (Ap 21, 1-2)

Luego llegará la Nueva Jerusalén, los cielos y la tierra nuevos, en la cual no caben los pecadores. Finalmente, se invita a todos a acercarse:

"El Espíritu y la Esposa dicen: “¡Ven!” Que el que escucha diga también: “¡Ven!” El que tenga sed, que se acerque; y el que lo desee, reciba gratuitamente el agua de la vida. 18 Yo, por mi parte, advierto a todo el que escuche las palabras proféticas de este libro: “Si alguno se atreve a añadir algo, Dios echará sobre él todas las plagas descritas en este libro." (Ap 22, 17-18)

Ya que corren vientos de guerras y calamidades terribles, invito a tener presentes las palabras de Nuestro Señor sobre el fin de los tiempos. Hace años que algunos descarados toman la Biblia, la interpretan como les place y dicen: "¡Ajá, el fin del mundo viene en camino!" y venden libros y hacen muchas cosas jugando a que el fin del mundo está cerca e inventan detalles sobre cómo ocurrirá. Pues bien, ya dijo Jesús: "Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre" (Mt 24, 26). Y es que lo relevante es estar preparados porque si ahora mismo somos llamados a Su Presencia, ¿qué importa que el fin del mundo llegue mañana o en mil años? Nuestras fuerzas deben concentrarse en estar en paz con Dios; de nada nos sirve reflexionar sobre el fin del mundo si esa reflexión nos aparta de la reflexión en nuestra salvación individual. "Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor" añade Jesús en el mismo texto bíblico(Mt 24, 42).


Lecturas complementarias

"Relectura del Apocalipsis" de MARTINE NARDIN OSB en la revista "Selecciones de Teología"

"INTERPRETACIONES DEL APOCALIPSIS"

Apocalipsis (Libro de las Revelaciones) En la Enciclopedia Católica

La mujer coronada de estrellas del Apocalipsis

El Apocalipsis: ¿catástrofe o bienaventuranza?

666 - La segunda bestia del Apocalipsis

La célebre Ramera del Apocalipsis

¡A la caza de la Ramera de Babilonia! Mitos fundamentalistas sobre Apocalipsis 17 y 18 y la Iglesia Católica.

Los Adventistas del Séptimo Día

La teoría del "arrebatamiento", otro invento protestante para el "Fin del Mundo"

En inglés

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