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DIEZMO
Sinopsis:
El diezmo como medida de contribución a la Iglesia es una
regla modificada expresamente en el Nuevo Testamento, pero no por
eso debemos ofrendar económicamente con vulgares limosnas pudiendo
ofrendar más, ni eso tampoco significa que esté mal
diezmar. Jamás se puede descuidar el hogar por ofrendar, pues
eso es ser como los paganos.
La regla bíblica sobre las contribuciones a la Iglesia es la
siguiente:
"Cada uno dé según lo que decidió personalmente, y no de mala
gana o a la fuerza, pues ama al que da con corazón alegre poderoso es
Dios para bendecirles de mil maneras, de modo que nunca les falte nada
y puedan al mismo tiempo cooperar en toda obra buena" ( 2 Co 9, 7-8)
Eso también requiere equilibrio. No es que uno pueda regalar
todos sus bienes y dejar en desamparo a los suyos, pues
“Quien no se preocupa de los suyos, especialmente de los de su casa,
ha renegado de la fe y es peor que el que no cree.” (1 Tm 5, 8).
En el Antiguo Testamento el mandato era este:
"El diezmo que los israelitas separan en honor de Yavé, se lo doy
a los levitas como parte de su herencia. Por eso les he dicho que
no tendrán heredad entre los israelitas.” (Nm 18, 24)
Es una regla de culto, pero si quieres usarla como base para diezmar,
medita cómo aplicar Nm 18, 25 -29, porque en ese mismo capítulo de Números
hay varias obligaciones adicionales sobre diezmar, y no solamente esta
última sino también la del diezmo del diezmo (Nm 18, 26).
El diezmo del trigo DEBEN COMERLO DELANTE DE YAVE (Dt 12, 17-18; Dt
14, 23). El diezmo de las cosechas se separa cada tres años (Dt 14,
28-29) pero por supuesto ese no lo piden ya que a muchos pastores les
encanta es el efectivo. También hay el diezmo del ganado (2 Cr 31, 6-7),
el de las viudas (Tb 1, 7).
Contribuir a las cosas de las Iglesias ciertamente es un deber, así
deben leerse textos como este:
"En efecto, desde los tiempos de sus antepasados, ustedes se han
apartado de mis ordenanzas y no las han practicado. Vuelvan a mí y
yo volveré a ustedes, dice Yavé de los ejércitos. Pero ustedes preguntan:
“¿Por qué tenemos que volver?” ¿Puede acaso un hombre engañar a Dios?
Pero ustedes me están engañando. Ustedes dirán: “¿En qué cosa te hemos
engañado?” Pues, con los diezmos y tributos sagrados." (Ml 3, 7-8)
Precisamente, Dios retribuye a quien puntualmente contribuye al sostenimiento
de la Iglesia:
"Entreguen, pues, la décima parte de todo lo que tienen al tesoro
del templo, para que haya alimentos en mi casa. Traten después de
probarme, dice Yavé de los ejércitos, para ver si les abro las compuertas
del cielo o si derramo para ustedes la lluvia bendita hasta la última
gota." (Ml 3, 10)
¡Desde luego que el Señor imparte bendiciones a quienes siembran generosamente!
¡Desde luego que El cumple sus promesas! Pero no olvides, como vimos
más atrás, que la contribución debe ser de corazón. Por
eso encontramos entre los mandatos de la Iglesia lo siguiente:
"El quinto mandamiento (ayudar a la Iglesia en sus necesidades) enuncia
que los fieles están, además, obligados a ayudar, cada uno según su
posibilidad, a las necesidades materiales de la Iglesia" (Catecismo,
2043)
Jesús sabía que la disciplina del diezmo debía sustituírse por otra
más práctica valiosa: la entrega según el corazón. ¿Te acuerdas del
ejemplo a seguir en materia de ofrendas? Es la ofrenda de la viuda.
" Jesús levantó la mirada y vio a unos ricos que depositaban sus
ofrendas en el arca del tesoro del Templo. Vio también a una viuda
muy pobre que echaba dos moneditas. Entonces dijo: “En verdad les
digo que esa viuda sin recursos ha echado más que todos ellos, porque
todos ésos han dado de lo que les sobra, mientras que ella, no teniendo
recursos, ha echado todo lo que tenía para vivir.”" (Lc 21, 1-4)
¿Ves que el diezmo puede salir de lo que te sobra? Por eso advierte
Jesús:
"No junten tesoros y reservas aquí en la tierra, donde la polilla
y el óxido hacen estragos, y donde los ladrones rompen el muro y roban.
Junten tesoros y reservas en el Cielo, donde no hay polilla ni óxido
para hacer estragos, y donde no hay ladrones para romper el muro y
robar. " (Mt 6, 19)
Los fariseos cumplían estrictamente con el deber del diezmo, e igual
Jesús les increpó:
¡Pobres de ustedes, fariseos! Ustedes dan para el Templo la décima
parte de todo, sin olvidar la menta, la ruda y las otras hierbas,
pero descuidan la justicia y el amor a Dios. Esto es lo que tienen
que practicar, sin dejar de hacer lo otro." (Lc 11,43; ver también
Lc 16, 14-15)
Fíjate lo que se dice en Malaquías:
"Maldito sea el tramposo que, teniendo en su rebaño un toro, luego
de prometérmelo, me sacrifica una bestia raquítica..." ( Ml 1. 14)
Querido hermano. Entrega de corazón como expresamente dice San Pablo,
si puedes dar más del diezmo, pues hazlo, pero si no puedes dar el diezmo,
no te preocupes siempre que hagas tu ofrecimiento de corazón, poco o
mucho. Jesús te ve y sabe si eres mezquino o no. Lee el pasaje de Ananías
y Sáfira en los Hechos de los Apóstoles (Hch 5, 1-11). Dios castiga
a esos dos personajes porque hicieron una ofrenda tratando de engañar
al Señor, siendo que podían haberse quedado con todo ese dinero. Y es
por eso que son castigados, mas no por no entregar el diezmo de la venta
que habían hecho.
Tengamos presente entonces la cita completa sobre las ofrendas en San
Pablo:
"Miren: el que siembra con mezquindad, con mezquindad cosechará,
y el que siembra sin calcular, cosechará también fuera de todo cálculo.
Cada uno dé según lo que decidió personalmente, y no de mala gana
o a la fuerza, pues ama al que da con corazón alegre.poderoso es Dios
para bendecirles de mil maneras, de modo que nunca les falte nada
y puedan al mismo tiempo cooperar en toda obra buena." (2 Co 9, 9-8)
De otro lado, quienes manejan dineros para Dios deben permitir que
otros hombres conozcan qué hacen con esos recursos, como muestra el
propio San Pablo:
"Así lo dispusimos, para que nadie tenga sospechas respecto a estas
sumas importantes que estamos manejando. Pues procuramos que todo
sea limpio, no sólo ante Dios, sino también ante los hombres." (2
Co 8, 20-21)
En resumen: "Sean ricos en todo, den con generosidad, y nosotros lo
transformaremos en acciones de gracias a Dios" (2 Co 9, 11)
Lecturas complementarias:
"Limosna
y diezmo en el Nuevo Testamento"
"Diezmo"
(en Corazones.org)

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