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Escribir al autor: Pedro N. Rueda G.

FE -> La declaración Dominus Iesus

Sinopsis: La fe del católico no puede ser a medias. No es Dios quien se acomoda al gusto del creyente, sino que es el creyente quien debe acomodarse a las enseñanzas de Dios transmitidas a través de su Iglesia. La fe no es un asunto externo no de domingo solamente, sino que es interna, integral y permanente.

Estos son algunos comentarios alrededor de la declaración "Dominus Iesus", pero debes leerla completa.

"La misión universal de la Iglesia nace del mandato de Jesucristo y se cumple en el curso de los siglos en la proclamación del misterio de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y del misterio de la encarnación del Hijo, como evento de salvación para toda la humanidad." (num. 1, documento "Dominus Iesus", "Declaración sobre la unicidad y la universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia")

"El perenne anuncio misionero de la Iglesia es puesto hoy en peligro por teorías de tipo relativistas, que tratan de justificar el pluralismo religioso, no sólo de facto sino también de iure (o de principio)." (num. 4, documento "Dominus Iesus").

Un error típico del católico es no vivir plenamente la Fe, o hacerlo con tibierza. Pero la Biblia advierte: "Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca" (Ap 3,16). No hay varias formas de Fe, no hay varias formas de bautismo, no es lo mismo decir Dios que Mahoma, Buda o nombrar a Dios como nos plazca. Dice San Pablo: "Os exhorto, pues, yo, preso por el Señor, a que viváis de una manera digna de la vocación con que habéis sido llamados, con toda humildad, mansedumbre y paciencia, soportándoos unos a otros por amor, poniendo empeño en conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos" (Ef 4, 1-6).

"Es, por lo tanto, contraria a la fe de la Iglesia la tesis del carácter limitado, incompleto e imperfecto de la revelación de Jesucristo, que sería complementaria a la presente en las otras religiones. La razón que está a la base de esta aserción pretendería fundarse sobre el hecho de que la verdad acerca de Dios no podría ser acogida y manifestada en su globalidad y plenitud por ninguna religión histórica, por lo tanto, tampoco por el cristianismo ni por Jesucristo." (num. 6, documento "Dominus Iesus", "Declaración sobre la unicidad y la universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia")

Por eso advierte Jesús: "Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos." (Mt 5, 19).

La Fe se vive tanto en privado como en público, "Porque cuanto dijisteis en la oscuridad, será oído a la luz, y lo que hablasteis al oído en las habitaciones privadas, será proclamado desde los terrados" (Lc 12, 3). Insiste Nuestro Señor:

"Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos. " (Jn 15, 4-8)

Cuán importante es entonces obedecer nuestra fe.

"La respuesta adecuada a la revelación de Dios es "la obediencia de la fe (Rm 1,5: Cf. Rm 16,26; 2 Co 10,5-6), por la que el hombre se confía libre y totalmente a Dios, prestando 'a Dios revelador el homenaje del entendimiento y de la voluntad", y asistiendo voluntariamente a la revelación hecha por Él' La fe es un don de la gracia: "Para profesar esta fe es necesaria la gracia de Dios, que previene y ayuda, y los auxilios internos del Espíritu Santo, el cual mueve el corazón y lo convierte a Dios, abre los ojos de la mente y da 'a todos la suavidad en el aceptar y creer la verdad'" (num. 7, documento "Dominus Iesus", "Declaración sobre la unicidad y la universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia")

No hay sino una Iglesia. Jesús dijo a Pedro "Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella" (Mt 16, 18). No habló en plural. La Iglesia de Cristo se funda sobre la herencia de Pedro recibida directamente de Jesucristo. En el evangelio de San Juan se confirma la orden exclusiva a Pedro: "Apacienta mis ovejas" (Jn 21, 17-17). Por eso el mandato de unidad que hace Jesús: "No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí" (Jn 17, 20-23). El Reino prometido es para quienes perseveran en Jesús: "Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas; yo, por mi parte, dispongo un Reino para vosotros, como mi Padre lo dispuso para mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi Reino y os sentéis sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel." (Lc 22, 28-30)

"El Señor Jesús, único salvador, no estableció una simple comunidad de discípulos, sino que constituyó a la Iglesia como misterio salvífico: Él mismo está en la Iglesia y la Iglesia está en Él (cf. Jn 15,1ss; Ga 3,28; Ef 4,15-16; Hch 9,5); por eso, la plenitud del misterio salvífico de Cristo pertenece también a la Iglesia, inseparablemente unida a su Señor. Jesucristo, en efecto, continúa su presencia y su obra de salvación en la Iglesia y a través de la Iglesia (cf. Col 1,24-27), que es su cuerpo (cf. 1 Co 12, 12-13.27; Col 1,18). Y así como la cabeza y los miembros de un cuerpo vivo aunque no se identifiquen son inseparables, Cristo y la Iglesia no se pueden confundir pero tampoco separar, y constituyen un único 'Cristo total'. Esta misma inseparabilidad se expresa también en el Nuevo Testamento mediante la analogía de la Iglesia como Esposa de Cristo (cf. 2 Cor 11,2; Ef 5,25-29; Ap 21,2.9).

Por eso, en conexión con la unicidad y la universalidad de la mediación salvífica de Jesucristo, debe ser firmemente creída como verdad de fe católica la unicidad de la Iglesia por él fundada" (num. 16, documento "Dominus Iesus", "Declaración sobre la unicidad y la universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia")

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