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IGLESIA -> Las manifestaciones del Espíritu en
otras iglesias
Sinopsis:
El Espíritu Santo se da donde quiere y como quiere. Sus
manifestaciones no son para crear iglesias individuales o sectas,
sino para la unidad de la Iglesia. Pueden tenerse carismas para hacer
milagros, pero eso no garantiza la salvación ni la calidad
cristiana de quien tiene el carisma, como enseña la Biblia.
Hay personas de fe débil que corren donde los lleva el viento
("Somos como las hojas caídas, y nuestros pecados nos arrastran
como el viento" dice Isaías en Is 64, 5). Y a donde con
frecuencia corren es donde ven que ocurren "milagros", a veces
reales, a veces no, olvidando las palabras de Pablo:
"Aunque hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles,
si me falta el amor sería como bronce que resuena o campana que retiñe.
Aunque tuviera el don de profecía y descubriera todos los misterios
y la ciencia entera, aunque tuviera tanta fe como para trasladar montes,
si me falta el amor nada soy." (1 Co 13, 1-2)
Eso significa que los dones del Señor no bastan por sí
solos. Puedo tenerlos, pero si no tengo amor, nada soy. Y ello porque
el Espíritu DA COMO QUIERE (1 Co 12, 11), no por merecimientos
de nadie, sino por la mera liberalidad del Altísimo y, lo que
es más importante, para beneficio común de la Iglesia
(1 Co 12, 7) y su edificación (1 Co 14, 12), no para que algún
pastor se dedique a recoger el diezmo (que ya sabemos
que fue abolido) para su beneficio personal.
Ya sabemos que el Espíritu da como quiere, pero también
debemos saber que da a quien quiere. En los evangelios podemos leer
acerca de la perplejidad de los apóstoles ante el hecho de que
otros obraran prodigios en el nombre de Jesús:
"Juan le dijo: “Maestro, hemos visto a uno que hacía uso de
tu nombre para expulsar demonios, y hemos tratado de impedírselo porque
no anda con nosotros.” Jesús contestó: “No se lo prohíban, ya que
nadie puede hacer un milagro en mi nombre y luego hablar mal de mí.
El que no está contra nosotros está con nosotros. " (Jn 9, 38-40)
A fin de cuentas, esa es la profecía:
"Yo derramaré mi Espíritu sobre cualquier mortal." (Jl
3, 1)
San Pedro, líder de los apóstoles y cabeza de la Iglesia
por expreso deseo de Jesús, cita esa profecía una vez
ocurrido pentecostés (Hch 2, 14-24). Pero eso no significa que
Jesús tolere la división, por el contrario su deseo es
la unidad en la verdadera Iglesia:
"Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti.
Que ellos también estén en nosotros, para que el mundo crea que tú
me has enviado." (Jn 17, 21)
Eso explica que Pedro, luego de Pentecostés, advirtiera: "Porque
el don de Dios es para ustedes y para sus hijos, y también para todos
aquellos a los que el Señor, nuestro Dios, quiera llamar, aunque estén
lejos" (Hch 2, 39).
¿Se te olvida, hermano, lo que dijo Jesús, que no basta
invocar su Nombre y hacer milagros?
"No bastará con decirme: ¡Señor!, ¡Señor!, para entrar en el
Reino de los Cielos; más bien entrará el que hace la voluntad de mi
Padre del Cielo. Aquel día muchos me dirán: ¡Señor, Señor!, hemos
hablado en tu nombre, y en tu nombre hemos expulsado demonios y realizado
muchos milagros. Entonces yo les diré claramente: Nunca les conocí.de
mí ustedes que hacen el mal! " (Mt 7, 21-23)
Si esos dones no conducen a la unidad de la Iglesia, entonces no cumplen
el mandato divino que Pablo tan bien describe al mencionar los dones
que envía Jesucristo:
"Y ¿dónde están sus dones? Unos son apóstoles, otros profetas,
otros evangelistas, otros pastores y maestros. Así prepara a los suyos
para las obras del ministerio en vista de la construcción del cuerpo
de Cristo; hasta que todos alcancemos la unidad en la fe y el conocimiento
del Hijo de Dios y lleguemos a ser el Hombre perfecto, con esa madurez
que no es menos que la plenitud de Cristo. " (Ef 4, 11-13)
El cuerpo de Cristo es la Iglesia (Col 1, 18), a la que sirven los
dones y carismas:
"Miren cuántas partes tiene nuestro cuerpo, y es uno, aunque
las distintas partes no desempeñan la misma función. Así también nosotros
formamos un solo cuerpo en Cristo. Dependemos unos de otros y tenemos
carismas diferentes según el don que hemos recibido" (Rm 12,
4-6)
Siendo así, nada tiene de extraño que el Espíritu
Santo se manifieste en los sitios más insospechados. Lo que debemos
tener cuidado es no creer que eso justifica apartarnos de la verdadera
fe, como rebeldes que no perseveran.
"Ustedes mismos en otro tiempo se quedaron aparte y con sus
obras malas actuaron como rebeldes. Pero con su muerte Cristo los
reconcilió y los integró a su mismo ser humano mortal, de modo que
ahora son santos, sin culpa ni mancha ante él. Pero, por supuesto,
perseveren en la fe; muéstrense firmes, cimentados en ella; no se
desvíen de su esperanza, tengan siempre presente el Evangelio que
han oído, que ha sido predicado a toda criatura en este mundo, y del
que yo, Pablo, he llegado a ser encargado." (Col 1, 21-23)
Con todo y lo dicho hasta aquí, no significa que en cualquier
parte donde alguien parezca tener un carisma hay presencia del Espíritu
Santo, porque puede que ese no sea el caso. La advertencia la formula
así la Biblia:
"Queridos míos, no se fíen de cualquier inspiración. Examinen
los espíritus para ver si vienen de Dios, porque andan por el mundo
muchos falsos profetas. ¿Quieren reconocer al espíritu de Dios? Todo
espíritu que reconoce a Jesús como el Mesías que ha venido en la carne,
habla de parte de Dios. " (1 Jn 4, 1-2)
Pero no vayas a caer en el error de creer que el texto se refiere a
que debemos confiar en aquel cuyas palabras declaran que Jesús
es el Mesías, porque eso no basta (Mt 7, 21), se requiere una
conversión completa. ¿O es que crees que los demonios
no saben que Dios existe? (St 2, 19)
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