Escribir al autor: Pedro N. Rueda G.
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IGLESIA -> Las manifestaciones del Espíritu en otras iglesias

Sinopsis: El Espíritu Santo se da donde quiere y como quiere. Sus manifestaciones no son para crear iglesias individuales o sectas, sino para la unidad de la Iglesia. Pueden tenerse carismas para hacer milagros, pero eso no garantiza la salvación ni la calidad cristiana de quien tiene el carisma, como enseña la Biblia.

Hay personas de fe débil que corren donde los lleva el viento ("Somos como las hojas caídas, y nuestros pecados nos arrastran como el viento" dice Isaías en Is 64, 5). Y a donde con frecuencia corren es donde ven que ocurren "milagros", a veces reales, a veces no, olvidando las palabras de Pablo:

"Aunque hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si me falta el amor sería como bronce que resuena o campana que retiñe.

Aunque tuviera el don de profecía y descubriera todos los misterios y la ciencia entera, aunque tuviera tanta fe como para trasladar montes, si me falta el amor nada soy." (1 Co 13, 1-2)

Eso significa que los dones del Señor no bastan por sí solos. Puedo tenerlos, pero si no tengo amor, nada soy. Y ello porque el Espíritu DA COMO QUIERE (1 Co 12, 11), no por merecimientos de nadie, sino por la mera liberalidad del Altísimo y, lo que es más importante, para beneficio común de la Iglesia (1 Co 12, 7) y su edificación (1 Co 14, 12), no para que algún pastor se dedique a recoger el diezmo (que ya sabemos que fue abolido) para su beneficio personal.

Ya sabemos que el Espíritu da como quiere, pero también debemos saber que da a quien quiere. En los evangelios podemos leer acerca de la perplejidad de los apóstoles ante el hecho de que otros obraran prodigios en el nombre de Jesús:

"Juan le dijo: “Maestro, hemos visto a uno que hacía uso de tu nombre para expulsar demonios, y hemos tratado de impedírselo porque no anda con nosotros.” Jesús contestó: “No se lo prohíban, ya que nadie puede hacer un milagro en mi nombre y luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está con nosotros. " (Jn 9, 38-40)

A fin de cuentas, esa es la profecía:

"Yo derramaré mi Espíritu sobre cualquier mortal." (Jl 3, 1)

San Pedro, líder de los apóstoles y cabeza de la Iglesia por expreso deseo de Jesús, cita esa profecía una vez ocurrido pentecostés (Hch 2, 14-24). Pero eso no significa que Jesús tolere la división, por el contrario su deseo es la unidad en la verdadera Iglesia:

"Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti. Que ellos también estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado." (Jn 17, 21)

Eso explica que Pedro, luego de Pentecostés, advirtiera: "Porque el don de Dios es para ustedes y para sus hijos, y también para todos aquellos a los que el Señor, nuestro Dios, quiera llamar, aunque estén lejos" (Hch 2, 39).

¿Se te olvida, hermano, lo que dijo Jesús, que no basta invocar su Nombre y hacer milagros?

"No bastará con decirme: ¡Señor!, ¡Señor!, para entrar en el Reino de los Cielos; más bien entrará el que hace la voluntad de mi Padre del Cielo. Aquel día muchos me dirán: ¡Señor, Señor!, hemos hablado en tu nombre, y en tu nombre hemos expulsado demonios y realizado muchos milagros. Entonces yo les diré claramente: Nunca les conocí.de mí ustedes que hacen el mal! " (Mt 7, 21-23)

Si esos dones no conducen a la unidad de la Iglesia, entonces no cumplen el mandato divino que Pablo tan bien describe al mencionar los dones que envía Jesucristo:

"Y ¿dónde están sus dones? Unos son apóstoles, otros profetas, otros evangelistas, otros pastores y maestros. Así prepara a los suyos para las obras del ministerio en vista de la construcción del cuerpo de Cristo; hasta que todos alcancemos la unidad en la fe y el conocimiento del Hijo de Dios y lleguemos a ser el Hombre perfecto, con esa madurez que no es menos que la plenitud de Cristo. " (Ef 4, 11-13)

El cuerpo de Cristo es la Iglesia (Col 1, 18), a la que sirven los dones y carismas:

"Miren cuántas partes tiene nuestro cuerpo, y es uno, aunque las distintas partes no desempeñan la misma función. Así también nosotros formamos un solo cuerpo en Cristo. Dependemos unos de otros y tenemos carismas diferentes según el don que hemos recibido" (Rm 12, 4-6)

Siendo así, nada tiene de extraño que el Espíritu Santo se manifieste en los sitios más insospechados. Lo que debemos tener cuidado es no creer que eso justifica apartarnos de la verdadera fe, como rebeldes que no perseveran.

"Ustedes mismos en otro tiempo se quedaron aparte y con sus obras malas actuaron como rebeldes. Pero con su muerte Cristo los reconcilió y los integró a su mismo ser humano mortal, de modo que ahora son santos, sin culpa ni mancha ante él. Pero, por supuesto, perseveren en la fe; muéstrense firmes, cimentados en ella; no se desvíen de su esperanza, tengan siempre presente el Evangelio que han oído, que ha sido predicado a toda criatura en este mundo, y del que yo, Pablo, he llegado a ser encargado." (Col 1, 21-23)

Con todo y lo dicho hasta aquí, no significa que en cualquier parte donde alguien parezca tener un carisma hay presencia del Espíritu Santo, porque puede que ese no sea el caso. La advertencia la formula así la Biblia:

"Queridos míos, no se fíen de cualquier inspiración. Examinen los espíritus para ver si vienen de Dios, porque andan por el mundo muchos falsos profetas. ¿Quieren reconocer al espíritu de Dios? Todo espíritu que reconoce a Jesús como el Mesías que ha venido en la carne, habla de parte de Dios. " (1 Jn 4, 1-2)

Pero no vayas a caer en el error de creer que el texto se refiere a que debemos confiar en aquel cuyas palabras declaran que Jesús es el Mesías, porque eso no basta (Mt 7, 21), se requiere una conversión completa. ¿O es que crees que los demonios no saben que Dios existe? (St 2, 19)

 

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