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ABORTO -> Fertilización in vitro y procreación artificial
Sinopsis:
El dueño de la vida es Dios. Los hijos son un regalo, no
un derecho (ver más adelante), ni menos pueden buscarse a costa de la vida de los que
van a nacer. Como práctica, la fertilización in vitro
es un satánico intento de emulación de Dios.
Este es uno de los campos donde existe la más completa ignorancia
en muchos católicos. La fertilización in vitro no es aceptada
por la Iglesia. Ello se expone expresamente en la importantísima "Instrucción Donum vitae sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación":
"La conexión entre la fecundación in vitro y la eliminación voluntaria de embriones humanos se verifica demasiado frecuentemente. Ello es significativo: con estos procedimientos, de finalidades aparentemente opuestas, la vida y la muerte quedan sometidas a la decisión del hombre, que de este modo termina por constituirse en dador de la vida y de la muerte por encargo. Esta dinámica de violencia y de dominio puede pasar inadvertida para los mismos que, queriéndola utilizar, quedan dominados por ella. Los hechos recordados y la fría lógica que los engarza se han de tener en cuenta a la hora de formular un juicio moral sobre la FIVET (fecundación in vitro y transferencia del embrión): la mentalidad abortista que la ha hecho posible lleva así, se desee o no, al dominio del hombre sobre la vida y sobre la muerte de sus semejantes, que puede conducir a un eugenismo radical. " ("Instrucción Donum vitae sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación", Congregación para la Doctrina de la Fe)
La procreacion es de principio a fin un acto maravilloso del amor de Dios, y solamente de El sin interferencia de manos humanas que solamente por inspiración de la serpiente pueden querer ser dioses (Gn 3, 4).
"La vida humana, antes y después del nacimiento, se encuentra
en una situación muy precaria. La existencia de cada individuo, desde
su origen, está en el designio divino: "Antes de haberte formado yo
en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado"
(Jr 1,5): la existencia de cada individuo, desde sus orígenes, está
en el plan de Dios. ¿Cómo se puede pensar que uno solo de los momentos
del maravilloso proceso de formación de la vida pueda ser sustraído
de la sabia y amorosa acción del Creador y dejado a merced del arbitrio
del hombre? " ("Los
hijos, primavera de la familia y la sociedad", documento
del Pontificio Consejo para la Familia, Roma, 14-15 de octubre del
2000)
La concepción es un acto de amor de Dios que no puede ser interferido
ni falseado por mano humana. Cuenta el Génesis: "Entonces
Jacob se enojó con Raquel y le dijo: “Si Dios te ha negado los hijos,
¿qué puedo hacer yo?”" (Gn 30, 2).
"También las distintas técnicas de reproducción artificial,
que parecerían puestas al servicio de la vida y que son practicadas
no pocas veces con esta intención, en realidad dan pie a nuevos atentados
contra la vida. Más allá del hecho de que son moralmente inaceptables
desde el momento en que separan la procreación del contexto integralmente
humano del acto conyugal,(14) estas técnicas registran altos porcentajes
de fracaso. Este afecta no tanto a la fecundación como al desarrollo
posterior del embrión, expuesto al riesgo de muerte por lo general
en brevísimo tiempo. Además, se producen con frecuencia embriones
en número superior al necesario para su implantación en el seno de
la mujer, y estos así llamados « embriones supernumerarios » son posteriormente
suprimidos o utilizados para investigaciones que, bajo el pretexto
del progreso científico o médico, reducen en realidad la vida humana
a simple « material biológico » del que se puede disponer libremente.
" (Encíclica
Evangelium Vitae, N. 14)
Los hijos no son un derecho, sino un don.
"El hijo no es un derecho sino un don. El don más excelente
del matrimonio es una persona humana. El hijo no puede ser considerado
como un objeto de propiedad, a lo que conduciría el reconocimiento
de un pretendido «derecho al hijo». A este respecto, sólo el hijo
posee verdaderos derechos: el de ser el fruto del acto específico
del amor conyugal de sus padres, y tiene también el derecho a ser
respetado como persona desde el momento de su concepción. Por tanto
además de rechazar la fecundación heteróloga, la Iglesia es contraria
desde el punto de vista moral a la fecundación homóloga in vitro,
es decir entre los mismos esposos; ésta es en sí misma ilícita y contraria
a la dignidad de la procreación y de la unión conyugal." ("Los
hijos, primavera de la familia y la sociedad", documento
del Pontificio Consejo para la Familia, Roma, 14-15 de octubre del
2000)
La Biblia es absolutamente expresa al respecto.
"Un regalo del Señor son los hijos, recompensa, el fruto de las entrañas." (Salmo 127, 3)
Leamos las palabras pertinentes del Catecismo:
"2378 El hijo no es un derecho sino un don. El "don más excelente del matrimonio" es una persona humana. El hijo no puede ser considerado como un objeto de propiedad, a lo que conduciría el reconocimiento de un pretendido "derecho al hijo". A este respecto, sólo el hijo
posee verdaderos derechos: el de "ser el fruto del acto específico del amor conyugal de sus padres, y tiene también el derecho a ser respetado como persona desde el momento de su concepción"."
En la "Instrucción Donum vitae sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación" se lee con razón que "La difusión de técnicas de intervención sobre los procesos de la procreación humana plantea gravísimos problemas morales, relativos al respeto debido al ser humano desde su misma concepción y a la dignidad de la persona, de su sexualidad y de la transmisión de la vida. " ("Instrucción Donum vitae sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación", Congregación para la Doctrina de la Fe), o sea que todas las formas de procreación artificial atentan contra Dios.
Y dice el Catecismo sobre procreación artificial:
"2376 Las técnicas que provocan una disociación de la paternidad por intervención de una persona extraña a los cónyuges (donación del esperma o del óvulo, préstamo de útero) son gravemente deshonestas. Estas técnicas (inseminación y fecundación artificiales heterólogas) lesionan el derecho del niño a nacer de un padre y una madre conocidos de él y ligados entre sí por el matrimonio. Quebrantan "su derecho a llegar a ser padre y madre exclusivamente el uno a través del otro".
2377 Practicadas dentro de la pareja, estas técnicas (inseminación y fecundación artificiales homólogas) son quizá menos perjudiciales, pero no dejan de ser moralmente reprobables. Disocian el acto sexual del acto procreador. El acto fundador de la existencia del hijo ya no es un acto por el que dos personas se dan una a otra, sino que "confía la vida y la identidad del embrión al poder de los médicos y de los biólogos, e instaura un dominio de la técnica sobre el origen y sobre el destino de la persona humana. Una tal relación de dominio es en sí
contraria a la dignidad e igualdad que debe ser común a padres e hijos". "La procreación queda privada de su perfección propia, desde el punto de vista moral, cuando no es querida como el fruto del acto conyugal, es decir, del gesto específico de la unión de los esposos... solamente el respeto de la conexión existente entre los significados del acto conyugal y el respeto de la unidad del ser humano, consiente una procreación conforme con la dignidad de la persona"."
Lecturas complementarias
"Mapa de la Reproducción artificial " (en el site de "Vida Humana Internacional")
"La procreación artificial contradice la dignidad de padres e hijos, advierte el Papa" (nota de Zenit)
Temas
de bioética
"Diagnosis
prenatal: Selección de los no nacidos. Cuando aumenta la diagnosis prenatal
suele seguir un aumento de abortos" (en Zenit)
"Comunicado
Final de la VIII Asamblea General" de la Academia Pontificia para
la vida (25 a 27 de febrero de 2002)
"Declaración
sobre la producción y uso científico y terapéutico de las celulas estaminales
embrionarias humans" de la Academia Pontificia para la vida (25
de agosto de 2000)
En inglés:
Consejo Pontificio
de Pastoral de la Salud
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