Escribir al autor: Pedro N. Rueda G.
Acerca del autor

IGLESIA-> Ya es hora de hablar del odio

Septiembre 2 de 2006

Respuesta al artículo "Palabra de Dios " publicado por María Elvira Samper en la Revista Cambio, de Colombia

Señora Samper:

Ya es hora de hablar del odio. De ese que ha salido a flote en estos días.

Con razón dijo Jesús “Si el mundo los odia, sepan que antes me odió a mí.” (Jn 15, 18). Veo que para usted la ley es el parámetro de todo. La vida se protege desde la concepción, y no solamente porque lo diga la Biblia, sino por tratados como el Pacto de San José (Convención Americana sobre Derechos Humanos), numeral 1 del art. 4º. Aunque igual si nada se dijera, nosotros igual la defenderíamos. Y me refiero tanto a la vida de la madre como a la del bebé en el vientre, porque la discusión nunca se dio considerando que existiera vida en el vientre materno.

La excomunión no fue lanzada por el prelado, sino que está señalada por la Iglesia como consecuencia para quien participa en un aborto . Vea por ejemplo lo que dice el Catecismo:

“2272 La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana. "Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae", es decir, "de modo que incurre ipso facto en ella quien comete el delito", en las condiciones previstas por el Derecho…”

¿Que ese médico tiene la conciencia tranquila? Igual cada quien responderá por sus obras (Rm 2, 6; Ap 20, 12). La conciencia no es el juez definitivo, Señora Samper, es Dios ( "A pesar de que no veo nada que reprocharme, eso no basta para justificarme: el Señor me juzgará." 1 Co 4, 4), y la conciencia puede pervertirse. Pablo advertía a Timoteo que llegaría un día en que habría personas que "…ostentarán apariencias de piedad, pero rechazarán sus exigencias" (2 Tm 3, 5; el término en griego que aquí la Biblia Latinoamericana traduce por "piedad" se refiere a la verdadera vida religiosa; se utiliza también en Hch 3, 12 o Tito 1, 1).

Cita usted varios apartes de la Biblia, hasta donde veo de la versión no católica Reina Valera (versión a la que no estoy poniendo reparos) y que son lugares comunes entre los hermanos separados para atacarnos. Pero olvidó mirar otras citas como aquella que dice: “Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga “Necio” a su hermano, será culpable ante el Concilio; y cualquiera que le diga “Fatuo”, quedará expuesto al infierno de fuego” (Mt 5, 22) O esa en que Pablo se anuncia “maestro” (1 Tm 2, 7; “maestro” es la traducción griega de “rabí”, Jn 1, 38). En este párrafo estoy citando conforme esa traducción.

Utiliza usted una argumentación que toda la prensa ha utilizado estos días: descalifican la excomunión a la que puede enfrentarse el personal que intervino en el aborto, porque no se menciona para otros casos. Pero es un argumento que eluden aplicarse ustedes mismos. En Sudán los musulmanes están masacrando a los cristianos, pero no veo que de eso comenten cosa alguna, ni qué decir de las persecuciones en Pakistán o la India, ¿es que acaso lo aprueban? Estoy seguro que no, lo mismo que nosotros no aprobamos las conductas reprobables de laicos o sacerdotes. Sepa en todo caso que quienes comulgan indignamente corren un riesgo espiritual enorme, tal como advierte San Pablo: “Fíjense bien: cada vez que comen de este pan y beben de esta copa están proclamando la muerte del Señor hasta que venga. Por tanto, el que come el pan o bebe la copa del Señor indignamente peca contra el cuerpo y la sangre del Señor.” (1 Co 11, 26-27).

Usted y muchos otros nos han lanzado un ataque terrible estos días en el cual no ha cabido la otra opinión. Ni siquiera se han molestado en escuchar a los verdaderos católicos, mientras multiplican las voces del falso cristianismo, ese que cree que basta decir "Señor, Señor" a Jesús y con eso todo arreglado. Vea lo que dice Jesús de ellos: "No bastará con decirme: ¡Señor!, ¡Señor!, para entrar en el Reino de los Cielos; más bien entrará el que hace la voluntad de mi Padre del Cielo" (Mt 7, 21) Pero igual tenemos una promesa que es superior a ustedes, y que proviene de Jesús cuando fundó la Iglesia (y le cito otra vez conforme la Reina Valera 1995): "Y yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no la dominarán" (Mt 16, 18).

Nosotros igual oraremos por usted, por quienes nos atacan y por aquellos que pueden incurrir en excomunión o en ruptura con Cristo. Y no porque sí, sino porque no le deseamos a nadie estar apartado de Nuestro Señor (Mt 13, 36-43).

Bendiciones.

Ir a la portada

Ir al mapa de navegación

Citas bíblicas

La Historia de Sor Faustina - La Divina Misericordia
La Divina Misericordia

Biblia Católica ONLINE

Ir a la Enciclopedia Católica

Cristianismo y Política

Otro website del autor de "Buscadores del Reino"

 

 

El Espíritu Santo
Biblia
Eucaristía
Oración
Santa María
Enlaces
Homosexualidad
Sexualidad
El Apocalipsis
Nueva Era
Diezmo