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HOMOSEXUALIDAD -> Las parejas gay
Sinopsis: El propio Jesùs advirtió
que las parejas son de hombre y mujer. Quienes quieren que se reconozca
que las parejas gay son lo mismo que las parejas heterosexuales están
negando a Jesùs.
La Biblia es absolutamente expresa sobre la clase de unión que
quiere Jesús:
"Jesús respondió: “¿No han leído que el Creador al principio
hizo hombre y mujer y dijo : hombre dejará a su padre y a su madre
y se unirá con su mujer, y serán los dos una sola carne? De manera
que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios ha
unido, no lo separe el hombre.” " (Mt 19, 4-6)
La alianza matrimonial la hizo Dios con un hombre y una mujer como
consta desde el Génesis:
"Y creó Dios al hombre a su imagen. A imagen de Dios lo creó.
Macho y hembra los creó. Dios los bendijo, diciéndoles: “Sean fecundos
y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Tengan autoridad sobre
los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente
que se mueve sobre la tierra.” " (Gn 1, 27-2)
Se escuchan voces por todas partes que piden reconocimiento de las
uniones de parejas del mismo sexo. Sobre esto, y antes de seguir adelante,
debes leer el documento del Vaticano: "CONSIDERACIONES
ACERCA DE LOS PROYECTOS DE RECONOCIMIENTO LEGAL DE LAS UNIONES ENTRE
PERSONAS HOMOSEXUALES". Ningún católico puede apoyar esas iniciativas
tal como claramente se indica en ese documento:
"Si todos los fieles están obligados a oponerse al reconocimiento
legal de las uniones homosexuales, los políticos católicos lo están
en modo especial, según la responsabilidad que les es propia. Ante
proyectos de ley a favor de las uniones homosexuales se deben tener
en cuenta las siguientes indicaciones éticas.
En el caso de que en una Asamblea legislativa se proponga por primera
vez un proyecto de ley a favor de la legalización de las uniones homosexuales,
el parlamentario católico tiene el deber moral de expresar clara y
públicamente su desacuerdo y votar contra el proyecto de ley. Conceder
el sufragio del propio voto a un texto legislativo tan nocivo del
bien común de la sociedad es un acto gravemente inmoral.
En caso de que el parlamentario católico se encuentre en presencia
de una ley ya en vigor favorable a las uniones homosexuales, debe
oponerse a ella por los medios que le sean posibles, dejando pública
constancia de su desacuerdo; se trata de cumplir con el deber de dar
testimonio de la verdad. Si no fuese posible abrogar completamente
una ley de este tipo, el parlamentario católico, recordando las indicaciones
dadas en la Encíclica Evangelium Vitæ, «puede lícitamente ofrecer
su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de esa ley y
disminuir así los efectos negativos en el ámbito de la cultura y de
la moralidad pública», con la condición de que sea «clara y notoria
a todos» su «personal absoluta oposición» a leyes semejantes y se
haya evitado el peligro de escándalo.(18) Eso no significa que en
esta materia una ley más restrictiva pueda ser considerada como una
ley justa o siquiera aceptable; se trata de una tentativa legítima,
impulsada por el deber moral, de abrogar al menos parcialmente una
ley injusta cuando la abrogación total no es por el momento posible."
Como recuerdo en otra parte, las advertencias en la Biblia no son solamente
contra quienes practican la homosexualidad, sino también contra quienes
aprueban tales prácticas (Rm 1, 32). En particular, la promoción
de leyes contra el hombre mismo merecen reproche:
"Así se hacen culpables de escándalo quienes instituyen leyes
o estructuras sociales que llevan a la degradación de las costumbres
y a la corrupción de la vida religiosa, o a "condiciones sociales
que, voluntaria o involuntariamente, hacen ardua y prácticamente imposible
una conducta cristiana conforme a los mandamientos"." (Catecismo
de la Iglesia, 2286)
Se ha querido desvirtuar lo que dice Pablo sobre la homosexualidad,
como si Pablo cuando hablara de matrimonio no estuviera hablando expresamente
de una pareja de hombre y mujer (leer Efesios 5, 2-31 o 1 Co 7, 1-5).
Existen razones de orden religioso que aplican a cualquier iglesia
cristiana (católica o evangélica en cualquier denominación) y que nos
obligan a oponernos a semejante iniciativa. Porque el debate no es neutro,
ni siquiera puede sujetarse a la interpretación. La Biblia es clara:
1. Las familias parten de parejas heterosexuales:
"Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer,
y se hacen una sola carne" (Gn 2, 24; ver además Mt 19, 5; Mc 10, 8;
Ef 5, 31) Sostienen los defensores del proyecto de ley que no se busca
crear una suerte de "matrimonio", como si la sola existencia de la ley
no favoreciera las uniones de personas del mismo sexo. La Biblia no
permite la unión de dos personas del mismo sexo en ninguna circunstancia.
"Casen a sus hijos y a sus hijas para que se multipliquen
y no disminuyan" (Jr 29, 6)
2. Dios castiga el ejercicio de la homosexualidad, pues quien sufre
de ella está llamado a la castidad:
"¿No saben acaso que los injustos no heredarán el Reino de Dios?
No se engañen: ni los que tienen relaciones sexuales prohibidas, ni
los que adoran a los ídolos, ni los adúlteros, ni los homosexuales
y los comodones, ni los ladrones, ni los que no tienen nunca bastante,
ni los borrachos, ni los chismosos, ni los que se aprovechan de los
demás heredarán el Reino de Dios. " (1 Co 6, 9-10; ver también 1 Tm
3, 10, entre otros textos y el artìculo "Homosexualidad"
en este site).
3. El asunto no es de la conciencia de cada quien, porque la conciencia
puede ser doblegada. Por eso dice San Pablo: "A pesar de que no veo
nada que reprocharme, eso no basta para justificarme: el Señor me juzgará.
" (1 Co 4, 4)
4. Con esa ley harán caer a muchos, porque creerán que -al ser ley-
es moral esa forma de unión. Los que la aprueben estarán favoreciendo
las caídas o escándalos (Lee el Catecismo, números 2284 a 2287).
"Dijo Jesús a sus discípulos: “Es imposible que no haya escándalos
y caídas, pero ¡pobre del que hace caer a los demás!” (Lc 17, 1)
Y dice la Biblia acerca de quienes hacen leyes contra la justicia:
"¡Pobres de aquellos que dictan leyes injustas y ponen por
escrito los decretos de la maldad." (Is 10, 1)
5. La ley de Dios debe cumplirse en lo grande y en lo pequeño. No hay
excusa para no cumplir la palabra de Dios en toda su extensión.
"El patrón le dijo: “Muy bien, servidor bueno y honrado; ya que has
sido fiel en lo poco, yo te confiaré mucho más. Ven a compartir la
alegría de tu patrón”. " (Mt 25, 23)
6. Solamente quien atiende las enseñanzas de Cristo tendrá salvación,
quien desatienda sus mandatos -como los consignados más atrás-, no merecerá
el Reino:
" En verdad les digo: El que escucha mi palabra y cree en el que
me ha enviado, vive de vida eterna; ya no habrá juicio para él, porque
ha pasado de la muerte a la vida. " (jn 5, 24)
7. No se desea que la Iglesia hable de temas morales, como si la Iglesia
no tuviera que aplicar la Biblia. El propio Jesús habla de moral:
"Y luego continuó: “Lo que hace impura a la persona es lo que
ha salido de su propio corazón. Los pensamientos malos salen de dentro,
del corazón: de ahí proceden la inmoralidad sexual, robos, asesinatos,
infidelidad matrimonial, codicia, maldad, vida viciosa, envidia,
injuria, orgullo y falta de sentido moral. Todas estas maldades salen
de dentro y hacen impura a la persona”." (Mc 7, 20-23)
Y señala Pablo, refiriéndose a personas como las que
apoyan la aceptación en cualquier forma de las parejas gay:
"Después de perder el sentido moral se han dejado llevar por
el libertinaje y buscan con avidez toda clase de inmoralidad."
(Ef 4, 19)
En conclusión:
"La Iglesia, obediente al Señor que la ha fundado y la ha enriquecido
con el don de la vida sacramental, celebra en el sacramento del matrimonio
el designio divino de la unión del hombre y de la mujer, unión de
amor y capaz de dar vida. Sólo en la relación conyugal puede ser moralmente
recto el uso de la facultad sexual. Por consiguiente, una persona
que se comporta de manera homosexual obra inmoralmente. Optar por
una actividad sexual con una persona del mismo sexo equivale a anular
el rico simbolismo y el significado, para no hablar de los fines,
del designio del Creador en relación con la realidad sexual. La actividad
homosexual no expresa una unión complementaria, capaz de transmitir
la vida, y, por lo tanto, contradice la vocación a una existencia
vivida en esa forma de autodonación que, según el Evangelio, es la
esencia misma de la vida cristiana. Eso no significa que las personas
homosexuales no sean a menudo generosas y no se donen a sí mismas,
pero cuando se empeñan en una actividad homosexual refuerzan dentro
de ellas una inclinación sexual desordenada, en sí misma caracterizada
por la autocomplacencia. Como sucede en cualquier otro desorden moral,
la actividad homosexual impide la propia realización y felicidad porque
es contraria a la sabiduría creadora de Dios. La Iglesia, cuando rechaza
las doctrinas erróneas en relación con la homosexualidad, no limita
sino más bien defiende la libertad y la dignidad de la persona, entendidas
de modo realista y auténtico. " ("LA
IGLESIA Y LA ATENCION PASTORAL A LOS HOMOSEXUALES Carta de la Congregación
para la doctrina de la fe (1986)")
Lecturas complementarias:
"CONSIDERACIONES
ACERCA DE LOS PROYECTOS DE RECONOCIMIENTO LEGAL DE LAS UNIONES ENTRE
PERSONAS HOMOSEXUALES"
En inglés:
"The
Catholic Case Against Same-Sex Marriages” (En Envoy Magazine)
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