Escribir al autor: Pedro N. Rueda G.
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HOMOSEXUALIDAD -> Las parejas gay

Sinopsis: El propio Jesùs advirtió que las parejas son de hombre y mujer. Quienes quieren que se reconozca que las parejas gay son lo mismo que las parejas heterosexuales están negando a Jesùs.

Rev. Diciembre de 2011

Primero, por favor, lea sobre qué es pecado, y no olvide que la actitud sobre la homosexualidad no puede incluir violencia o aislamiento (lea por favor el primer párrafo del artículo sobre homosexualidad).

Este artículo no se refiere a las reglas laicas que se establezcan sobre sociedades civiles entre parejas del mismo sexo, sino a la visión cristiana sobre el matrimonio.

La Biblia es absolutamente expresa sobre la clase de unión que quiere Jesús. Nuestro Seño mismo advierte que la pareja es de hombre y mujer, cuando responde una pregunta respecto del divorcio:

“Jesús les dijo: “Moisés, al escribir esta ley, tomó en cuenta lo tercos que eran ustedes. Pero al principio de la creación Dios los hizo hombre y mujer; por eso dejará el hombre a su padre y a su madre para unirse con su esposa, y serán los dos una sola carne. De manera que ya no son dos, sino uno solo. Pues bien, lo que Dios ha unido, que el hombre no lo separe.”” (Marcos 10, 5-9, citado según la Biblia Latinoamericana; texto con paralelos en Mateo 19)

Allí se mencionan dos cosas: que Dios hizo hombre y mujer, y que el hombre se une con “esposa”. Vamos al texto en griego para disipar dudas. En el texto en ese idioma de ese pasaje (según Nestle-Aland Edición 27) se dice primero que Dios los hizo arsen (hombre, varón) y thelys (mujer, hembra), y luego que el anthropos (hombre; en otras partes del Nuevo Testamento se usa para “ser humano” en general, pero aquí debe entenderse referido a varón, como sustantivo masculino, allí en nominativo) se une con su gyne (mujer, esposa, en todas las 215 veces que se usa en el Nuevo Testamento tiene exactamente ese sentido; en Mc 10, 7 -citado más atrás- es sustantivo femenino singular en acusativo). En Marcos 10, 6 Jesús está citando Génesis 1, 27

El lenguaje bíblico no puede ser más claro. La pareja en el plan de Dios es de hombre y mujer.

La alianza matrimonial la hizo Dios con un hombre y una mujer como consta desde el Génesis:

"Y creó Dios al hombre a su imagen. A imagen de Dios lo creó. Macho y hembra los creó. Dios los bendijo, diciéndoles: “Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Tengan autoridad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra.” " (Gn 1, 27-2)

Allí, donde dice “Macho y hembra los creó”, en el texto en hebreo del Antiguo Testamento (según THE LEXHAM HEBREW-ENGLISH INTERLINEAR BIBLE) están los términos zakar (varón, macho) y neqebah (mujer, hembra). Al principio del versículo dice “Y creó Dios al hombre a su imagen…”, o sea que Dios creó al “adam”, que puede leerse tanto “hombre” como “ser humano”, o “humanidad” si se quiere, sin entrar en el análisis a profundidad del vocablo, mucho más rico, pero es claro que más adelante al hablar de la pareja se refiere a macho y hembra.

Se escuchan voces por todas partes que piden reconocimiento de las uniones de parejas del mismo sexo. Sobre esto, y antes de seguir adelante, debes leer el documento del Vaticano: "CONSIDERACIONES ACERCA DE LOS PROYECTOS DE RECONOCIMIENTO LEGAL DE LAS UNIONES ENTRE PERSONAS HOMOSEXUALES". Ningún católico puede apoyar esas iniciativas tal como claramente se indica en ese documento:

"Si todos los fieles están obligados a oponerse al reconocimiento legal de las uniones homosexuales, los políticos católicos lo están en modo especial, según la responsabilidad que les es propia. Ante proyectos de ley a favor de las uniones homosexuales se deben tener en cuenta las siguientes indicaciones éticas.

En el caso de que en una Asamblea legislativa se proponga por primera vez un proyecto de ley a favor de la legalización de las uniones homosexuales, el parlamentario católico tiene el deber moral de expresar clara y públicamente su desacuerdo y votar contra el proyecto de ley. Conceder el sufragio del propio voto a un texto legislativo tan nocivo del bien común de la sociedad es un acto gravemente inmoral.

En caso de que el parlamentario católico se encuentre en presencia de una ley ya en vigor favorable a las uniones homosexuales, debe oponerse a ella por los medios que le sean posibles, dejando pública constancia de su desacuerdo; se trata de cumplir con el deber de dar testimonio de la verdad. Si no fuese posible abrogar completamente una ley de este tipo, el parlamentario católico, recordando las indicaciones dadas en la Encíclica Evangelium Vitæ, «puede lícitamente ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de esa ley y disminuir así los efectos negativos en el ámbito de la cultura y de la moralidad pública», con la condición de que sea «clara y notoria a todos» su «personal absoluta oposición» a leyes semejantes y se haya evitado el peligro de escándalo.(18) Eso no significa que en esta materia una ley más restrictiva pueda ser considerada como una ley justa o siquiera aceptable; se trata de una tentativa legítima, impulsada por el deber moral, de abrogar al menos parcialmente una ley injusta cuando la abrogación total no es por el momento posible."

Como recuerdo en otra parte, las advertencias en la Biblia no son solamente contra quienes practican la homosexualidad, sino también contra quienes aprueban tales prácticas (Rm 1, 32). En particular, la promoción de leyes contra el hombre mismo merecen reproche:

"Así se hacen culpables de escándalo quienes instituyen leyes o estructuras sociales que llevan a la degradación de las costumbres y a la corrupción de la vida religiosa, o a "condiciones sociales que, voluntaria o involuntariamente, hacen ardua y prácticamente imposible una conducta cristiana conforme a los mandamientos"." (Catecismo de la Iglesia, 2286)

Se ha querido desvirtuar lo que dice Pablo sobre la homosexualidad, como si Pablo cuando hablara de matrimonio no estuviera hablando expresamente de una pareja de hombre y mujer (leer Efesios 5, 2-31 o 1 Co 7, 1-5).

Existen razones de orden religioso que aplican a cualquier iglesia cristiana (católica o evangélica en cualquier denominación) y que nos obligan a oponernos a semejante iniciativa. Porque el debate no es neutro, ni siquiera puede sujetarse a la interpretación. La Biblia es clara:

1. Las familias parten de parejas heterosexuales:

"Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne" (Gn 2, 24; ver además Mt 19, 5; Mc 10, 8; Ef 5, 31) Sostienen los defensores del proyecto de ley que no se busca crear una suerte de "matrimonio", como si la sola existencia de la ley no favoreciera las uniones de personas del mismo sexo. La Biblia no permite la unión de dos personas del mismo sexo en ninguna circunstancia.

"Casen a sus hijos y a sus hijas para que se multipliquen y no disminuyan" (Jr 29, 6)

2. Dios castiga el ejercicio de la homosexualidad, pues quien sufre de ella está llamado a la castidad:

"¿No saben acaso que los injustos no heredarán el Reino de Dios? No se engañen: ni los que tienen relaciones sexuales prohibidas, ni los que adoran a los ídolos, ni los adúlteros, ni los homosexuales y los comodones, ni los ladrones, ni los que no tienen nunca bastante, ni los borrachos, ni los chismosos, ni los que se aprovechan de los demás heredarán el Reino de Dios. " (1 Co 6, 9-10; ver también 1 Tm 3, 10, entre otros textos y el artìculo "Homosexualidad" en este site).

3. El asunto no es de la conciencia de cada quien, porque la conciencia puede ser doblegada. Por eso dice San Pablo: "A pesar de que no veo nada que reprocharme, eso no basta para justificarme: el Señor me juzgará. " (1 Co 4, 4)

4. Con esa ley harán caer a muchos, porque creerán que -al ser ley- es moral esa forma de unión. Los que la aprueben estarán favoreciendo las caídas o escándalos (Lee el Catecismo, números 2284 a 2287).

"Dijo Jesús a sus discípulos: “Es imposible que no haya escándalos y caídas, pero ¡pobre del que hace caer a los demás!” (Lc 17, 1)

Y dice la Biblia acerca de quienes hacen leyes contra la justicia:

"¡Pobres de aquellos que dictan leyes injustas y ponen por escrito los decretos de la maldad." (Is 10, 1)

5. La ley de Dios debe cumplirse en lo grande y en lo pequeño. No hay excusa para no cumplir la palabra de Dios en toda su extensión.

"El patrón le dijo: “Muy bien, servidor bueno y honrado; ya que has sido fiel en lo poco, yo te confiaré mucho más. Ven a compartir la alegría de tu patrón”. " (Mt 25, 23)

6. Solamente quien atiende las enseñanzas de Cristo tendrá salvación, quien desatienda sus mandatos -como los consignados más atrás-, no merecerá el Reino:

" En verdad les digo: El que escucha mi palabra y cree en el que me ha enviado, vive de vida eterna; ya no habrá juicio para él, porque ha pasado de la muerte a la vida. " (jn 5, 24)

7. No se desea que la Iglesia hable de temas morales, como si la Iglesia no tuviera que aplicar la Biblia. El propio Jesús habla de moral:

"Y luego continuó: “Lo que hace impura a la persona es lo que ha salido de su propio corazón. Los pensamientos malos salen de dentro, del corazón: de ahí proceden la inmoralidad sexual, robos, asesinatos,  infidelidad matrimonial, codicia, maldad, vida viciosa, envidia, injuria, orgullo y falta de sentido moral.  Todas estas maldades salen de dentro y hacen impura a la persona”." (Mc 7, 20-23)

Y señala Pablo, refiriéndose a personas como las que apoyan la aceptación en cualquier forma de las parejas gay:

"Después de perder el sentido moral se han dejado llevar por el libertinaje y buscan con avidez toda clase de inmoralidad." (Ef 4, 19)

En conclusión:

"La Iglesia, obediente al Señor que la ha fundado y la ha enriquecido con el don de la vida sacramental, celebra en el sacramento del matrimonio el designio divino de la unión del hombre y de la mujer, unión de amor y capaz de dar vida. Sólo en la relación conyugal puede ser moralmente recto el uso de la facultad sexual. Por consiguiente, una persona que se comporta de manera homosexual obra inmoralmente. Optar por una actividad sexual con una persona del mismo sexo equivale a anular el rico simbolismo y el significado, para no hablar de los fines, del designio del Creador en relación con la realidad sexual. La actividad homosexual no expresa una unión complementaria, capaz de transmitir la vida, y, por lo tanto, contradice la vocación a una existencia vivida en esa forma de autodonación que, según el Evangelio, es la esencia misma de la vida cristiana. Eso no significa que las personas homosexuales no sean a menudo generosas y no se donen a sí mismas, pero cuando se empeñan en una actividad homosexual refuerzan dentro de ellas una inclinación sexual desordenada, en sí misma caracterizada por la autocomplacencia. Como sucede en cualquier otro desorden moral, la actividad homosexual impide la propia realización y felicidad porque es contraria a la sabiduría creadora de Dios. La Iglesia, cuando rechaza las doctrinas erróneas en relación con la homosexualidad, no limita sino más bien defiende la libertad y la dignidad de la persona, entendidas de modo realista y auténtico. " ("LA IGLESIA Y LA ATENCION PASTORAL A LOS HOMOSEXUALES Carta de la Congregación para la doctrina de la fe (1986)")


Lecturas complementarias:

"CONSIDERACIONES ACERCA DE LOS PROYECTOS DE RECONOCIMIENTO LEGAL DE LAS UNIONES ENTRE PERSONAS HOMOSEXUALES"

En inglés:

"The Catholic Case Against Same-Sex Marriages” (En Envoy Magazine)

 

 

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