Escribir al autor: Pedro N. Rueda G.
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Biblia-> El himno angelical en San Lucas y los pastores
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Navidad de 2008

Esta es una época que debería fundarse en su genuino sentido bíblico.

Hagamos una breve reflexión sobre uno de los pasajes de los relatos de la infancia, pertinente para esta bella época del año:

“Y al instante, en torno al ángel apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: ¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.” (Lc 2, 13-14)

Este célebre himno, que sigue al anuncio por el ángel del nacimiento del Salvador, tiene un elemento poco comprendido: el auditorio, es decir, los pastores. El vocablo que usa Lucas es “poimenes” (pastores), sustantivo etimológicamente emparentado en griego con “apacentar”, “rebaño” o “ser pastor”; Jesús se identificará como pastor muchas veces, y en Juan, en uno de los siete “Yo soy…” de dicho evangelio, proclamará ser “el buen Pastor” (Jn 10, 11). El sentido de esta terminología de gran alcance teológico queda sepultada bajo la moderna concepción de los pastores de Lucas como cándidos o tiernos personajes, y así los representamos en nuestros pesebres (o belenes, como les dicen en España); hasta “pastorcitos” les llamamos en muchos de nuestros villancicos. Pero lo cierto es que no solamente los pastores son los destinatarios del himno, punto de la máxima relevancia que ameritaría abandonar todo diminutivo, sino que los pastores no tenían absolutamente nada de cándidos ni tampoco eran bien vistos. En cuanto a lo primero, hay que decir que eran personas que debían estar dispuestas a enfrentarse, en cualquier momento del día o de la noche, a fieras o ladrones que buscaran dañar o diezmar los rebaños, además de mantenerse siempre en alerta para no perder un solo animal en el campo. En cuanto a lo segundo, ocurre que en la Palestina de la época, el oficio de pastor no era apreciado sino que por el contrario ni siquiera se consideraba digno de respeto, al extremo de privarse a los pastores de algunos derechos civiles o ser habitualmente considerados como personas deshonestas, del mismo calibre de los publicanos al servicio de Roma. Sin embargo, es a ellos a quienes el coro angelical canta “…en la tierra paz a los hombres que ama el Señor…”. Ello debería servirnos de advertencia de quiénes deberían ser, para nosotros, los importantes en esta temporada del año (y en todas en realidad, según el mensaje de todo el evangelio de Lucas): los marginados, aquellos que socialmente no parecen merecer nuestra atención y que dejamos solos con su sufrimiento y discriminación. ¿Son ellos nuestro motivo de preocupación en estas fechas?

Aún queda algo para reflexionar: aquello que les están deseando los seres celestiales a los pastores. El texto en español, con razón, dice “Paz”, no obstante, el término en griego “eirene”, análogo al “shalom” en hebreo, también significa deseo por una vida libre de preocupaciones, con bienestar material y tranquilidad. Así las cosas, no solamente debemos meditar en quiénes eran los destinatarios del himno de Lc 2, 14 para concederles el sitio que merecen, sino igualmente en qué quiere Dios para ellos, lo cual por supuesto es respuesta a qué espera que nosotros hagamos al respecto. ¿Es muy difícil saberlo? Aclarémoslo con una cita de la carta de Santiago, donde se emplea el mismo término en griego (“eirene”):

“Si un hermano o una hermana no tienen con qué vestirse ni qué comer, y ustedes les dicen: “Que les vaya bien, caliéntense y aliméntense”, sin darles lo necesario para el cuerpo, ¿de qué les sirve eso?” (St 2, 15-16, según la traducción de la Biblia Latinoamericana)

La frase “Que les vaya bien…” podría traducirse por “Vayan en paz…” (en griego se usa “eirene”). ¿Se observa el contraste entre la paz del mundo y la paz que quiere Dios? Jesús mismo advirtió que Dios quiere misericordia para con los demás y no sacrificios (Mt 9, 13 o 12, 7) y reclama duramente a los fariseos por faltar a la justicia (Mt 23, 23).

Quede este comentario para nuestros corazones. Cada uno saque la conclusión para sí mismo, sin pensar en qué hacen o no hacen los demás pues el Señor dará a cada según su conducta individual (Ap 2, 23).

El Señor nos guarde y nos lleve con bien esta Navidad y siempre.

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