Escribir al autor: Pedro N. Rueda G.
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VIDA->¿Qué es el pecado?

Lunes 6 de octubre de 2008

Un error por desgracia muy extendido es la simplificación del concepto de pecado, al punto que señalamos como "pecado" algo que viola una regla escrita en alguna parte, es decir, como si dependiera de alguna formalidad, como las leyes (si no está indicado como prohibido en la ley, entonces está permitido, dicen algunos). El asunto es más complejo y de fondo que eso. En español, dependiendo de la traducción de la Biblia que uno use, la palabra pecado en sus diversas conjugaciones y usos (pecado, pecar, etc.) está alrededor de ochocientas veces, pero en los idiomas originales no existe tal uniformidad terminológica para referirse a esa realidad; el término hamartia de 1 Jn 1, 8, por ejemplo, se encuentra 173 veces en el texto en griego del Nuevo Testamento, mientras que "pecado" en sus diversas formas estaría 250 veces en una de las versiones en español. Eso nos permite avizorar de alguna manera lo difícil de estudiar "el pecado", pero con todo hay varios elementos concretos, para empezar, que el pecado es siempre CONTRA DIOS (Salmo 51, 6). Podemos sin embargo concentrarnos en la idea del pecado en el Nuevo Testamento, tal como podría entenderse a partir de las palabras de Jesús. Es diciente al respecto Mc 7, 14-23, pasaje que concluye con estas palabras de Nuestro Señor:

"Los pensamientos malos salen de dentro, del corazón: de ahí proceden la inmoralidad sexual, robos, asesinatos,  infidelidad matrimonial, codicia, maldad, vida viciosa, envidia, injuria, orgullo y falta de sentido moral.  Todas estas maldades salen de dentro y hacen impura a la persona.” (Mc 7, 21-23)

Explica un experto teólogo, refiriéndose a ese pasaje:

"Del texto se desprende que los hechos pecaminosos son la resultante o los síntomas de una torcedura profunda que sucede al interior del hombre, y es allí donde su ubica el pecado fundamental." ("EL ANUNCIO DEL REINO DE DIOS DE JESÚS" , Gustavo Baena S.J.)

El pecado tiene que ver entonces con nuestra interioridad. Además de una dimensión personal, imaginada de alguna manera por todos, existe también una social, menos reflexionada.

"En este contexto de tensiones y de conflictos unidos a la condición de la naturaleza humana caída, se sitúa cualquier reflexión sobre el pecado personal.

Este tiene esa característica esencial de ser siempre el acto responsable de una determinada persona, un acto incompatible con la ley moral y por consiguiente opuesto a la voluntad de Dios. Lo que comporta e implica en sí mismo este acto lo podemos descubrir con la ayuda de la Biblia. Ya en el Antiguo Testamento encontramos diversas expresiones para indicar los distintos momentos o aspectos de la realidad del pecado a la luz de la Divina Revelación. Así, a veces es llamado simplemente "el mal" ("ra' "): el que comete pecado hace "lo que es malo a los ojos del Señor" (Dt 31, 29). Por eso el pecador, considerado también como "impío" (raša'), es el que "olvida a Dios" (cf. Sal 9, 18), el que "no quiere conocer a Dios" (cf. Job 21, 14), en el que "no hay temor de Dios" (Sal 35/36, 2), el que "no confía en el Señor"(Sal 31, 10), más aún, el que "desprecia a Dios" (Sal 9, 34), creyendo que "el Señor no ve" (Sal 93/94, 7) y "no nos pedirá cuentas" (Sal 9, 34). Y además el pecador (el impío) es el que no tiene miedo de oprimir a los justos (Sal 11/12, 9), ni de "hacer la injusticia a las viudas y a los huérfanos" (cf. Sal 81/82, 4; 93/94, 6), ni tampoco de "cambiar el bien con el mal" (Sal 108/109, 2-5). Lo contrario del pecador es, en la Sagrada Escritura, el hombre justo (sadîq). El pecado, pues, es, en el sentido más amplio de la palabra, la injusticia. "(Audiencia General del Papa Juan Pablo II, Miércoles 5 de noviembre de 1986)

El pecado es un acto de desobediencia, y siempre se expresa en la relación del hombre con Dios (Rm 5, 16), la cual es afectada en forma tal que el perjudicado es el mismo ser humano.

"Visto en esta perspectiva, el pecado como "desobediencia" a la ley se manifiesta mejor en su característica de "desobediencia" personal hacia Dios: hacia Dios como Legislador, que es al mismo tiempo Padre que ama. Este mensaje expresado ya profundamente en el Antiguo Testamento (cf. Os 11, 1-7), hallará su enunciación más plena en la parábola del hijo pródigo (cf. Lc 15, 18-19, 21). En todo caso la desobediencia a Dios, es decir, la oposición a su voluntad creadora y salvífica, que encierra el deseo del hombre de "alcanzar su propio fin al margen de Dios" (Gaudium et spes 13), es "un abuso de la libertad" (Gaudium et spes, 13.).

10. Cuando Jesucristo, la vigilia de su pasión, habla del "pecado" sobre el que el Espíritu Santo debe "amonestar al mundo", explica la esencia de este pecado con las palabras: "porque no creyeron en mí" (Jn 16, 9). Ese "no creer" a Dios es en cierto sentido la primera y fundamental forma de pecado que el hombre comete contra el Dios de la Alianza. Esta forma de pecado se había manifestado ya en el pecado original del que se habla en el Génesis 3. A ella se refería, para excluirla, también la ley dada en la Alianza del Sinaí: "Yo soy Yavé, tu Dios, que te ha sacado de la tierra de Egipto, de la casa de la servidumbre. No tendrás otro Dios que a mí" (Ex 20, 2-3). A ella se refieren así mismo las palabras de Jesús en el Cenáculo y todo el Evangelio y el Nuevo Testamento. " (AUDIENCIA GENERAL del Papa Juan Pablo II, Miércoles 29 de octubre de 1986)

El pecado entonces es, fundamentalmente, el acto de rompimiento voluntario con Dios. Nosotros, que somos imagen y semejanza suya (Gn 1, 26), hacemos a un lado nuestra propia naturaleza en la cual Dios ha participado:

"Al negarse con frecuencia a reconocer a Dios como su principio, rompe el hombre la debida subordinación a su fin último, y también toda su ordenación tanto por lo que toca a su propia persona como a las relaciones con los demás y con el resto de la creación." (No. 13, Gaudium et Spes, Constitución Pastoral sobre la Iglesia, Concilio Vaticano II)

Así las cosas, el pecado es definido así en el Catecismo:

"1849 El pecado es una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta; es un faltar al amor verdadero para con Dios y para con el prójimo, a causa de un apego perverso a ciertos bienes. Hiere la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana. Ha sido definido como "una palabra, un acto o un deseo contrarios a la ley eterna" (S. Agustín, Faust. 22,27; S. Tomás de Aquino, s.th., 1- 2, 71,6).

1850 El pecado es una ofensa a Dios: "Contra ti, contra ti solo he pecado, lo malo a tus ojos cometí" (Sal 51,6). El pecado se levanta contra el amor que Dios nos tiene y aparta de él nuestros corazones. Como el primer pecado, es una desobediencia, una rebelión contra Dios por el deseo de hacerse "como dioses", pretendiendo conocer y determinar el bien y el mal (Gn 3,5). El pecado es así "amor de sí hasta el desprecio de Dios" (S. Agustín, civ. 1,14,28). Por esta exaltación orgullosa de sí, el pecado es diametralmente opuesto a la obediencia de Jesús que realiza la salvación (cf Flp 2,6-9)." (Catecismo de la Iglesia Católica)

Pero, ¿cómo concretamos eso en nuestra vida? Recordemos la respuesta de Jesús al maestro de la ley:

"“Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la Ley?”. Jesús le dijo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.  Este es el gran mandamiento, el primero.  Pero hay otro muy parecido: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Toda la Ley y los Profetas se fundamentan en estos dos mandamientos.”" (Mt 22, 36-40)

Notemos que Jesús coloca el amor al prójimo al lado del amor a Dios. Por tanto, pecado es dejar de lado cualquiera de esos dos aspectos, sin los cuales no seremos admitidos en la vida eterna. Esto es evidente al leer la enseñanza de Jesús sobre el juicio final en Mt 35, 31-46, en donde advierte que quien no practica el amor desde la justicia, no entrará en la vida eterna, por cuanto amar al prójimo es amar a Jesús mismo.


Lecturas Complementarias:

"LOS PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DE LA TEOLOGÍA MORAL CATÓLICA" (SEGUNDA PARTE: TRATADOS VI a IX PECADO, LEY, CONCIENCIA Y SINDÉRESIS, GRACIA Y CONCLUSIÓN) de P. MIGUEL ÁNGEL FUENTES, I.V.E.

 

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