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Espíritu Santo -> Pentecostés

Sinopsis: Pentecostés es la llegada gloriosa del Espíritu Santo a la Iglesia, y el recuerdo de la primera vez que se proclama a Jesús resucitado.

Rev. Mayo 25 de 2007

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Quizás todo el mundo tiene en mente que en la fiesta de Pentecostés los católicos recordamos el descenso del Espíritu Santo sobre los apóstoles, sin embargo, pocos parecen saber que también se conmemora la primera vez que Jesús resucitado es proclamado al mundo. Pero vamos por partes.

La celebración de Pentecostés coincide con la fiesta judía de Shavuot, o fiesta de las semanas, de la que habla Números 28, 26:

"El día de las primicias, cuando ofrezcan a Yavé los frutos nuevos, en la fiesta de las Semanas, tendrán reunión sagrada, y no harán ningún trabajo de trabajador"

Conforme Deuteronomio 16, 8-9, se celebraba siete semanas después de la Pascua, exactamente como ocurre hoy en día en el cristianismo. Para la época en que ocurre el evento de Pentecostés que relata el libro de los Hechos de los Apóstoles (Capítulo 2, versos 1 a 13, texto leído como primera lectura de la misa del domingo de Pentecostés hasta el verso 11), hacía mucho tiempo que la fiesta también servía para recordar la entrega de las tablas de la ley a Moisés con base en una tradición derivada de Ex 19, 1. Jerusalén estaba llena de judíos venidos de otras partes.

¿Cómo ocurrió lo que se conmemora en nuestra actual celebración de Pentecostés? Luego de la ascensión del Señor (Hch 1, 3-11), los apóstoles se van a orar esperando el cumplimiento de la promesa de Jesús ("…ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días"). Entonces se produce la primera novena de la Iglesia, pues son nueve días el tiempo que transcurre desde la ascensión de Jesús hasta la llegada del Espíritu Santo, o sea el número de días que actualmente hay entre nuestra fiesta de la Ascensión y la de Pentecostés.

Varios elementos son importantes en la descripción de lo que ocurrió el día de Pentecostés: para empezar el viento, signo del Espíritu Santo. Recordemos Ezequiel 37, 9:

"Entonces me dijo: "¡Profetiza, hijo de hombre, llama al Espíritu! Dirás al Espíritu: Esto dice Yavé: ¡Espíritu, ven desde los cuatro vientos, sopla sobre estos muertos para que vivan!""

Cuando Jesús resucitado entregó el Espíritu sobre los apóstoles y les dio el poder de atar y desatar, lo hizo soplando (Jn 20, 22). En el relato de la creación del hombre, Dios "sopla" el aliento de vida en el ser humano (Gn 2, 7).

El fuego, prometido por Juan el Bautista (Mt 3, 11), recuerda el accionar de Dios en el monte Horeb o monte Sinaí (Ex 19, 16-20; 1 Re 19, 12) y la acción purificadora de Dios (Is 1, 25; Ez 22, 18; 1 Co 3, 13). Pero el fuego se "posa" con suavidad ("…y aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y fueron posándose sobre cada uno de ellos…" dice Lucas).
El hecho de que todos los que estaban fuera de la casa y que, atraídos por el ruido, se acercaron y escucharan cada uno hablar en su propia lengua (Hch 2, 8; 11) indica cómo la confusión de lenguas del episodio de la torre de Babel (Gn 11), que representa la dificultad de comunicación entre los hombres cuando niegan a Dios, es solucionada por el Espíritu Santo, ya que todos los oyentes entienden lo que dicen los apóstoles (...cada uno los oía hablar en su propia lengua..." Hch 2, 6).

¿Y quienes fueron a escuchar a los apóstoles? "…judíos piadosos, llegados de todas las naciones que hay bajo el cielo". Es el simbolismo de todos los hombres que aceptan el llamado a Dios, que algunos sin embargo no entienden ("Pero algunos se reían y decían: "¡Están borrachos!" dice el verso 13). Luego ocurre lo que había profetizado Joel:

"Esto es lo que ha de suceder después: Yo derramaré mi Espíritu sobre cualquier mortal. Tus hijos y tus hijas profetizarán, los ancianos tendrán sueños y los jóvenes verán visiones." (Jl 3, 1)

Pedro, primero entre los apóstoles, entonces comienza a proclamar a Jesús resucitado por primera vez, pues hasta el momento nadie lo había hecho. Se había realizado la promesa de Jesús, había llegado la "fuerza de lo alto" según había anunciado:

"Ahora yo voy a enviar sobre ustedes lo que mi Padre prometió. Permanezcan, pues, en la ciudad hasta que sean revestidos de la fuerza que viene de arriba." (Lc 24, 49)

A nosotros nos corresponde, a ejemplo de la Virgen María, guardar todas estas cosas en nuestro corazón y meditar en nuestro interior (Lc 2, 19) y adorar a Dios "...en espíritu y en verdad" (Jn 4, 23).


Lecturas Complementarias:

Acerca de Pentecostés y el Espíritu Santo (en el Vaticano)

"Pentecostés" (en catholic.net)

 

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