Escribir al autor: Pedro N. Rueda G.
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BIBLIA -> Profetas

Sinopsis: La mayoría de las personas asocian el término "profeta" con "adivino del povernir", pero ocurre que profeta en la Biblia es aquel que habla a nombre de Dios, denunciando aquello en contra del Reino.

Jueves 2 de Diciembre de 2010

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Consta en el Credo nicenoconstantinopolitano (el credo "largo"):

"Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas."

Explica el Compendio del Catecismo acerca de esta última frase:

"Con el término «Profetas» se entiende a cuantos fueron inspirados por el Espíritu Santo para hablar en nombre de Dios. La obra reveladora del Espíritu en las profecías del Antiguo Testamento halla su cumplimiento en la revelación plena del misterio de Cristo en el Nuevo Testamento."(número 140)

Pero, ¿qué hace un profeta? Anuncia el Reino de Dios. Un resumen de esta tarea se encuentra en el conocido himno denominado "Benedictus" de Zacarías en el evangelio de San Lucas, pronunciado cuando nace Juan el Bautista (Lc 1, 66-80), a quien igualmente se le llama "profeta del Altísimo" al final de este himno.

Lo que hacía Juan el Bautista, preparando el terreno para la llegada de Jesús (profetizando) lo describen todos los evangelistas. Dice San Mateo por ejemplo:

"Por aquel tiempo se presentó Juan Bautista y empezó a predicar en el desierto de Judea;  éste era su mensaje: “Renuncien a su mal camino, porque el Reino de los Cielos está cerca.”  Es a Juan a quien se refería el profeta Isaías cuando decía: Una voz grita en el desierto: Preparen un camino al Señor; hagan sus senderos rectos." (Mt 3, 1-3)

Mateo se refiere al principio del Capítulo 40 del libro de Isaías, en cuyo versículo 3 se encuentra la frase mencionada en la anterior cita.

El primer profeta mencionado como tal en la Biblia es Abraham (Gn 20, 6-7). "El es profeta (nabi)" se lee allí, refiriéndose a él, quien además no sobra recordar que es mencionado en el Benedictus (Lc 1, 68 en adelante; por cierto se llama a ese himno Benedictus porque en latín se lee ese versículo "benedictus Deus Israhel quia visitavit ..."). Otro profeta es Moisés, cuya figura es ejemplo de profeta en el Antiguo Testamento (leer Deuteronomia 34, 10), aunque su hermano Aarón, en cuanto hablaba a nombre de Moisés, fue "profeta"de aquel (Ex 7, 1; en hebreo se le llama nabi a Aarón). Dice la Biblia:

" En realidad, el Señor Yavé no hace nada sin comunicárselo antes a sus servidores, los profetas. Así, como nadie queda impertérrito al oír el rugido del león, así tampoco se negará nadie a profetizar cuando escucha lo que le habla el Señor. "(Amós 3, 7-8)

Como se ve, un profeta anuncia el Reino de Dios de diferentes maneras, y no puede abstenerse de hacerlo, no importa sus limitaciones humanas. Veamos el comienzo del relato de la vocación del profeta Jeremías:

"Me llegó una palabra de Yavé:  “Antes de formarte en el seno de tu madre, ya te conocía; antes de que tú nacieras, yo te consagré, y te destiné a ser profeta de las naciones.”  Yo exclamé: “Ay, Señor, Yavé, ¡cómo podría hablar yo, que soy un muchacho!”  Y Yavé me contestó: “No me digas que eres un muchacho. Irás adondequiera que te envíe, y proclamarás todo lo que yo te mande.  No les tengas miedo, porque estaré contigo para protegerte, palabra de Yavé.” (Jeremías 1, 4-7)

El profeta incluso tiene el valor de denunciar la injusticia y la falsa religiosidad. Dice el profeta Oseas:

" Porque me gusta más el amor que los sacrificios, y el conocimiento de Dios, más que víctimas consumidas por el fuego." (Oseas 6, 6)

Este texto es citado por Jesús, aquí:

"Jesús, al irse de allí, vio a un hombre llamado Mateo en su puesto de cobrador de impuestos, y le dijo: “Sígueme.” Mateo se levantó y lo siguió.  Como Jesús estaba comiendo en casa de Mateo, un buen número de cobradores de impuestos y otra gente pecadora vinieron a sentarse a la mesa con Jesús y sus discípulos.  Los fariseos, al ver esto, decían a los discípulos: “¿Cómo es que su Maestro come con cobradores de impuestos y pecadores?”  Jesús los oyó y dijo: “No es la gente sana la que necesita médico, sino los enfermos.  Vayan y aprendan lo que significa esta palabra de Dios: Me gusta la misericordia más que las ofrendas. Pues no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.” "(Mateo 9, 9-13)

Y vuelve a citarlo en otra parte:

"Y si ustedes entendieran estas palabras: Quiero misericordia, no sacrificios, ustedes no condenarían a quienes están sin culpa." (Mateo 12, 7)

Por tanto, el profeta enseña, anuncia e igualmente denuncia, insistiendo siempre en el amor de Dios, y conscientes de su labor de intermediarios para con todos nosotros. Dice San Pedro, hablando de Jesús:

"Ustedes lo aman sin haberlo visto; ahora creen en él sin verlo, y nadie sabría expresar su alegría celestial  al tener ya ahora eso mismo que pretende la fe, la salvación de sus almas. Los profetas hablaron de ese favor que ustedes iban a recibir y se preguntaron o quisieron saber más al respecto. El Espíritu de Cristo estaba en ellos y les descubría de antemano los sufrimientos de Cristo y la gloria que iba a alcanzar, pero ellos se preguntaban quién sería y cuándo se realizaría eso. Estaban preparando lo que mantiene a los ángeles en suspenso, y que ahora les ha sido anunciado a ustedes por sus evangelizadores, al mismo tiempo que el Espíritu Santo les era enviado desde el cielo. Y les fue revelado que todo esto sería, no para ellos, sino para ustedes." (1 Pedro 1, 8-12)

Desde luego, el gran profeta es Cristo, tal como enseña el Concilio Vaticano II en la Constitución Dogmática sobre la Iglesia "Lumen Gentium":

"35. Cristo, el gran Profeta, que proclamó el reino del Padre con el testimonio de la vida y con el poder de la palabra, cumple su misión profética hasta la plena manifestación de la gloria, no sólo a través de la Jerarquía, que enseña en su nombre y con su poder, sino también por medio de los laicos, a quienes, consiguientemente, constituye en testigos y les dota del sentido de la fe y de la gracia de la palabra (cf. Hch 2, 17-18; Ap 19, 10) para que la virtud del Evangelio brille en la vida diaria, familiar y social."

De esta manera es que todos los laicos tienen que convertirse en profetas (todo laico debe saber que sacerdote, rey y profeta), pues son testigos de Jesús (leer Mt 16, 13).

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