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BIBLIA -> Profetas
Sinopsis: La mayoría de las personas
asocian el término "profeta" con "adivino del
povernir", pero ocurre que profeta en la Biblia es aquel que habla
a nombre de Dios, denunciando aquello en contra del Reino.
Jueves 2 de Diciembre de 2010
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Consta en el Credo nicenoconstantinopolitano (el credo
"largo"):
"Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede
del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma
adoración y gloria, y que habló por los profetas."
Explica el Compendio
del Catecismo acerca de esta última frase:
"Con el término «Profetas» se entiende a cuantos fueron inspirados
por el Espíritu Santo para hablar en nombre de Dios. La obra reveladora
del Espíritu en las profecías del Antiguo Testamento halla su cumplimiento
en la revelación plena del misterio de Cristo en el Nuevo Testamento."(número
140)
Pero, ¿qué hace un profeta? Anuncia el Reino de Dios.
Un resumen de esta tarea se encuentra en el conocido himno denominado
"Benedictus" de Zacarías en el evangelio de San Lucas,
pronunciado cuando nace Juan el Bautista (Lc 1, 66-80), a quien igualmente
se le llama "profeta del Altísimo" al final de este
himno.
Lo que hacía Juan el Bautista, preparando el terreno para la
llegada de Jesús (profetizando) lo describen todos los evangelistas.
Dice San Mateo por ejemplo:
"Por aquel tiempo se presentó Juan Bautista y empezó a predicar
en el desierto de Judea; éste era su mensaje: “Renuncien a su mal
camino, porque el Reino de los Cielos está cerca.” Es a Juan a quien
se refería el profeta Isaías cuando decía: Una voz grita en el desierto:
Preparen un camino al Señor; hagan sus senderos rectos." (Mt
3, 1-3)
Mateo se refiere al principio del Capítulo 40 del libro de Isaías,
en cuyo versículo 3 se encuentra la frase mencionada en la anterior
cita.
El primer profeta mencionado como tal en la Biblia es Abraham (Gn 20,
6-7). "El es profeta (nabi)" se lee allí, refiriéndose
a él, quien además no sobra recordar que es mencionado
en el Benedictus (Lc 1, 68 en adelante; por cierto se llama a ese himno
Benedictus porque en latín se lee ese versículo "benedictus
Deus Israhel quia visitavit ..."). Otro profeta es Moisés,
cuya figura es ejemplo de profeta en el Antiguo Testamento (leer Deuteronomia
34, 10), aunque su hermano Aarón, en cuanto hablaba a nombre
de Moisés, fue "profeta"de aquel (Ex 7, 1; en hebreo
se le llama nabi a Aarón). Dice la Biblia:
" En realidad, el Señor Yavé no hace nada sin comunicárselo
antes a sus servidores, los profetas. Así, como nadie queda impertérrito
al oír el rugido del león, así tampoco se negará nadie a profetizar
cuando escucha lo que le habla el Señor. "(Amós 3, 7-8)
Como se ve, un profeta anuncia el Reino de Dios de diferentes maneras,
y no puede abstenerse de hacerlo, no importa sus limitaciones humanas.
Veamos el comienzo del relato de la vocación del profeta Jeremías:
"Me llegó una palabra de Yavé: “Antes de formarte en el seno
de tu madre, ya te conocía; antes de que tú nacieras, yo te consagré,
y te destiné a ser profeta de las naciones.” Yo exclamé: “Ay, Señor,
Yavé, ¡cómo podría hablar yo, que soy un muchacho!” Y Yavé me contestó:
“No me digas que eres un muchacho. Irás adondequiera que te envíe,
y proclamarás todo lo que yo te mande. No les tengas miedo, porque
estaré contigo para protegerte, palabra de Yavé.” (Jeremías
1, 4-7)
El profeta incluso tiene el valor de denunciar la injusticia y la falsa
religiosidad. Dice el profeta Oseas:
" Porque me gusta más el amor que los sacrificios, y el conocimiento
de Dios, más que víctimas consumidas por el fuego." (Oseas 6,
6)
Este texto es citado por Jesús, aquí:
"Jesús, al irse de allí, vio a un hombre llamado Mateo en su
puesto de cobrador de impuestos, y le dijo: “Sígueme.” Mateo se levantó
y lo siguió. Como Jesús estaba comiendo en casa de Mateo, un buen
número de cobradores de impuestos y otra gente pecadora vinieron a
sentarse a la mesa con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al ver
esto, decían a los discípulos: “¿Cómo es que su Maestro come con cobradores
de impuestos y pecadores?” Jesús los oyó y dijo: “No es la gente
sana la que necesita médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan
lo que significa esta palabra de Dios: Me gusta la misericordia más
que las ofrendas. Pues no he venido a llamar a los justos, sino a
los pecadores.” "(Mateo 9, 9-13)
Y vuelve a citarlo en otra parte:
"Y si ustedes entendieran estas palabras: Quiero misericordia,
no sacrificios, ustedes no condenarían a quienes están sin culpa."
(Mateo 12, 7)
Por tanto, el profeta enseña, anuncia e igualmente denuncia,
insistiendo siempre en el amor de Dios, y conscientes de su labor de
intermediarios para con todos nosotros. Dice San Pedro, hablando de
Jesús:
"Ustedes lo aman sin haberlo visto; ahora creen en él sin verlo,
y nadie sabría expresar su alegría celestial al tener ya ahora eso
mismo que pretende la fe, la salvación de sus almas. Los profetas
hablaron de ese favor que ustedes iban a recibir y se preguntaron
o quisieron saber más al respecto. El Espíritu de Cristo estaba en
ellos y les descubría de antemano los sufrimientos de Cristo y la
gloria que iba a alcanzar, pero ellos se preguntaban quién sería y
cuándo se realizaría eso. Estaban preparando lo que mantiene a los
ángeles en suspenso, y que ahora les ha sido anunciado a ustedes por
sus evangelizadores, al mismo tiempo que el Espíritu Santo les era
enviado desde el cielo. Y les fue revelado que todo esto sería, no
para ellos, sino para ustedes." (1 Pedro 1, 8-12)
Desde luego, el gran profeta es Cristo, tal como enseña el Concilio
Vaticano II en la Constitución
Dogmática sobre la Iglesia "Lumen Gentium":
"35. Cristo, el gran Profeta, que proclamó el reino del Padre
con el testimonio de la vida y con el poder de la palabra, cumple
su misión profética hasta la plena manifestación de la gloria, no
sólo a través de la Jerarquía, que enseña en su nombre y con su poder,
sino también por medio de los laicos, a quienes, consiguientemente,
constituye en testigos y les dota del sentido de la fe y de la gracia
de la palabra (cf. Hch 2, 17-18; Ap 19, 10) para que la virtud del
Evangelio brille en la vida diaria, familiar y social."
De esta manera es que todos los laicos tienen que convertirse en profetas
(todo
laico debe saber que sacerdote, rey y profeta), pues son testigos
de Jesús (leer Mt 16, 13).
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