Escribir al autor: Pedro N. Rueda G.
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IGLESIA -> Sacerdocio Femenino

Sinopsis: La posibilidad del sacerdocio feménino constituye un verdadero problema para quienes lo anhelan a toda costa. Pero la Biblia no es tan favorable a su posición como muchos alegan.

Revisado 1 de Junio de 2010

Aunque el porqué de la negativa del Vaticano a la consagración de mujeres es explicado en detalle en la Declaración Inter Insignores de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, aprobada por Pablo VI en 1976, y en la Carta Apostólica "MULIERIS DIGNITATEM" de Juan Pablo II , quiero proporcionar una breve reflexión al respecto (Sugiero además leer el libro "Misión de la mujer en la Iglesia, que contiene la declaración y varios comentarios de ilustres teòlogos como el actual papa, Benedicto XVI, y Hans Urs von Balthasar; editorial BAC, Madrid, 1978). Antes de avanzar debo advertir que todo el mundo olvida reconocerle al cristianismo uno de sus grandes méritos: haber sido la PRIMERA religión que incluyó a la mujer en el culto. Ninguna otra gran religión lo ha hecho, ni musulmanes, ni budistas, ni judíos.

Reconozco que el sacerdocio femenino es un tema complicado. Que iglesias protestantes tienen mujeres que hacen de pastores, no prueba nada, si bien resulta sorprendente tal conducta pues -si alegan ser supuestamente seguidores textuales de la Palabra- desatienden 1 Tm 2, 12 ("No permito que la mujer enseñe..."). Y digo que no prueba nada porque una práctica nunca invalida la conducta que debe adoptarse en casos concretos. Así, si se extiende la costumbre de golpear a otros por el más ínfimo motivo, eso no significa que ello sea lo correcto.

Si de sacerdocio se trata, en cuanto relacionado con el apostolado de los doce, la discusión no puede ser mucha, porque todos eran hombres y fueron llamados porque Jesús quiso:

"Jesús subió al monte y llamó a los que él quiso, y se reunieron con él. Así instituyó a los Doce (a los que llamó también apóstoles),..." (Marcos 3, 13-14)

Es inútil sostener que al seleccionar hombres Jesús solamente estaba atendiendo prejuicios culturales de los judíos de esa época, porque si hay algo claro es precisamente que esos "prejuicios" no le importaban lo más mínimo a Nuestro Señor, quien comía con pecadores, desatendía el descanso sabático, por su propia mano arrojó los mercaderes del templo, hablaba con mujeres aún en ausencia del marido (el caso de la samaritana), hablaba con samaritanos, llamaba en la cara hipócritas a los fariseos y sigue un largo etcétera. Es más, en la genealogía de Jesús propuesta por Mateo se incluyen cuatro mujeres (Tamar, Rahab, Rut y Betsabé), algo absolutamente insólito. La pregunta que sigue es obvia, ¿por qué el grupo de los apóstoles fue conformado exclusivamente por hombres? No lo sabemos. Se lee en Isaías:

"Pues sus proyectos no son los míos, y mis caminos no son los mismos de ustedes, dice Yavé." (Is 55, 8)

En el evangelio de San Juan, posterior a los demás, se recogen tradiciones en las cuales es más claro que la actitud de Jesús hacia las mujeres no era la de la época, aunque sus apóstoles fueran todos hombres; así, en ese evangelio es Marta quien hace la declaración la verdadera identidad de Jesús (Juan 11, 26-27), aunque igual confirma la autoridad de Pedro (Juan 21, 15-17), a quien Jesús entrega la dirección del rebaño y las llaves del reino (lee "El primado de Pedro" en este site). Eso no hace a los apóstoles, ni siquiera a San Pedro, superiores a los demás, tal como les recordó expresamente Jesús:

"Jesús los llamó y les dijo: “Ustedes saben que los gobernantes de las naciones actúan como dictadores y los que ocupan cargos abusan de su autoridad. Pero no será así entre ustedes. Al contrario, el que de ustedes quiera ser grande, que se haga el servidor de ustedes,  y si alguno de ustedes quiere ser el primero entre ustedes, que se haga el esclavo de todos.  Hagan como el Hijo del Hombre, que no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida como rescate por muchos.”" (Mt 20, 25-28)

Ante el Señor TODOS somos siervos que a duras penas hacemos lo que debemos (Lc 17, 10), tampoco en el pueblo de Dios hay trabajos más importantes que otros, como demuestra -entre otros textos- la parábola de los trabajadores de la viña (Mt 20, 1-16). El mismo Jesús lavó los pies de los doce, con todo y el escándalo que provocó tal conducta entre esos discípulos, quienes solamente entendieron las cosas luego de la Resurrección. Preocuparse de que alguien hace mejor o peor trabajo, suena a preocupación burocrática. Escribió San pablo:

"Miren cuántas partes tiene nuestro cuerpo, y es uno, aunque las distintas partes no desempeñan la misma función. Así también nosotros formamos un solo cuerpo en Cristo. Dependemos unos de otros  y tenemos carismas diferentes según el don que hemos recibido. Si eres profeta, transmite el conocimiento que se te da; si eres diácono, cumple tu misión; si eres maestro, enseña;  si eres predicador, sé capaz de animar a los demás; si te corresponde dar, da con la mano abierta; si eres dirigente, actúa con dedicación; si ayudas a los que sufren, muéstrate sonriente. " (Romanos 12, 4-8)

Debo reconocer sin embargo que frente al diaconado femenino no es tan fácil responder. Cuando los apóstoles instituyen el diaconado, se eligen solamente hombres (Hch 6, 1-7), pero esta vez no es Jesús quien hace la elección, sino la asamblea, la cual podía tener condicionamientos culturales, y que esas personas estaban destinadas a servir. El término diácono viene del griego "diakonos", que supone la idea de servicio y ayuda a otros; así, la palabra "diácono" tiene inicialmente un sentido general de servicio y asistencia, pero luego es utilizada en el sentido moderno de ministro. Y es aquí donde existe una enorme discusión. San Pablo usa el término "diácono" en ambos sentidos y pareciera que habla de hombres, no mujeres, cuando lo usa en el segundo. El griego "diakonos" es el que usa Jesús cuando dice a sus apóstolos que deben ser servidores ("diakonos") de los demás (Mt 20, 26). Pablo se aplica el mismo término como servidor más adelante, en Rm 15, 25 y, lo que es más importante, también lo aplica a una mujer llamada Febe, en el texto preferido de los defensores del diaconado femenino: Rm 16, 1.

"Les recomiendo a nuestra hermana Febe, diaconisa de la iglesia de Cencreas." (Rm 16, 1)

¿Pertenece al "diaconado" del moderno sacramento del orden, o al servicio asistencial (actualmente solamente se utiliza el término en el primer sentido)? Cuando Pablo pide en el siguiente versículo que ayuden a Febe, parece que se trata de lo segundo.

"Recíbanla bien, como debe hacerse entre cristianos y santos hermanos, y ayúdenla en todo lo que necesite, pues muchos están en deuda con ella, y yo también." (Rm 16, 2)

También está el problema de que Pablo explícitamente señala que las mujeres no deben presidir la asamblea, tal como consta en 1 Tm 2, 12; 1 Co 14, 34. Y no es que Pablo sea "antifeminista", puesto que, como lo señala el erudito bíblico Raymond Brown (“La comunidad del discípulo amado: estudio de la eclesiología juánica”, Ediciones Sígueme, Salamanca, 2005), todos los textos que tienen algún contenido "antifeminista" en Pablo tienen en sus mismos escritos su contrapartida "feminista", o una explicación, salvo lo de que las mujeres no pueden presidir la asamblea. Muchos sostienen que ello se explica porque en realidad 1 Timoteo no es de Pablo, sino de discípulos suyos de corte "machista", pero ese argumento solo no resuelve nada, porque la Biblia no se interpreta por conveniencia, y además 1 Corintios sí es un texto de Pablo. Hay otra posibilidad, y es que ambas citas corresponden a un momento en el cual las mujeres no tenían mayor instrucción y por tanto mal podían enseñar ellas mismas en asuntos de Fe, y desde el principio estaba el problema de las desviaciones de la sana doctrina, como se observa en las Cartas de Juan o en las de Pablo, lo que supone que enseñar debía restringirse a aquellos con la preparación adecuada, por otro lado -y en relación con este mismo argumento del contexto de las citas- es claro que las cartas paulinas se escriben a comunidades específicas enfrentando problemas específicos, de modo que los dos textos que prohiben la enseñanza femenina tienen que ver muy probablemente con asuntos estrictamente circunstanciales de comunidades concretas. Pero estas conclusiones nada aportan en favor del sacerdocio femenino.


Lecturas complementarias:

"Diáconos" en Enciclopedia Católica

"La ordenación de la mujer Mujeres en la vida de San Pablo"

"La ordenación sacerdotal de las mujeres: ¿porqué no?"

"La ordenación de la mujer: reflexiones bíblico teológicas"

Carta apostólica "Mulieris Dignitatem" sobre la vocación y dignidad de la mujer

En inglés:

Women and the Priesthood

Deaconesses

 

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