La Revelación bíblica y el magisterio de la Iglesia sitúan la relación entre el ser humano y el resto de la creación dentro de un orden armónico y jerárquico. Lejos de avalar el maltrato o de diluir la singularidad humana en un igualitarismo ontológico, la doctrina católica delimita con precisión el estatuto de los animales: son criaturas queridas por Dios, integradas en su providencia y puestas bajo la administración responsable del hombre, pero ontológicamente distintas de la persona humana.
1. La distinción ontológica: la persona humana frente al reino animal
La diferencia entre el ser humano y las demás especies no es un mero escalón evolutivo cuantitativo, sino una distinción sustancial y cualitativa:
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